Jorge Ebro

La gran caída de Dontrelle Willis o el viaje a la nada

Dontrelle Willis.
Dontrelle Willis.

La pierna levantada, la gorra de lado, la camisa medio abierta, y la sonrisa más ancha y verdadera del béisbol definían todo lo que era Dontrelle Willis hace apenas un par de años: el hombre más apasionado que pisaba un terreno de Grandes Ligas.

Hoy esa sonrisa se ha apagado en medio de una incertidumbre y un declive que asombra por igual a fanáticos y expertos. La caída de Willis sólo es comparable a la de Andrew Jones e igual de inexplicable.

¿Cómo es posible que un hombre que estuvo muy cerca de ganar el Cy Young, que fue el Novato del Año y campeón de la Serie Mundial, elegido varias veces al Juego de las Estrellas y con las condiciones físicas más envidiables del planeta -recuerdan su bateo, su forma de correr las bases-, se perdiera en un agujero negro del tamaño del box?

¿Cómo, a los 26 años de edad, se entiende que alguien que era el más amado de los niños, el preferido de los mánagers y el más buscado por los medios de difusión, viera destrozada su autoestima y su capacidad para lanzar el más simple de los strikes?

Esa es la pregunta de los 50,000 pesos.

Ciertamente, sus problemas no comenzaron ahora. Ya en los últimos años con los Marlins se veía venir algún tipo de descarrilamiento futuro para el llamado Tren-D y no sólo por ciertas escaramuzas con la ley, sino por un comportamiento que levantaba alarmas.

Un abridor, en los días que le toca actuar, es lo más parecido a un monje. Hermético, estudioso, se concentra en la tarea por delante, en el desmenuzamiento de los bateadores rivales al más mínimo detalle.

Dontrelle llenaba esta descripción al principio de su carrera, pero luego se le podía ver hablando de cualquier tema -menos de pitcheo- con la prensa o cualquiera que entrara a las instalaciones de los Marlins.

De cierto modo, su concentración estaba en otra parte y sus números comenzaron a desinflarse en el apartado de las victorias y a crecer en los renglones de la efectividad y las bases por bolas otorgadas.

Su pasada temporada con los Tigres fue un verdadero desastre y ahora, la última noticia que nos llega de la primavera es que Willis ha sido colocado en la lista de inhabilitados por un desorden de ansiedad que debe ser tratado con medicamentos y terapias de meditación.

Willis, siempre se nos dijo, estaba destinado a ser el futuro de las Mayores, el mejor embajador que encontraría el béisbol en décadas, y ahora resulta que se hunde ante la necesidad de trabajar bajo presiones extremas.

Ojalá no sea muy tarde y Willis pueda reencauzar su camino en Grandes Ligas. De lo contrario, será una estadística más de la larga lista de nombres que reventaron como supernovas sin cumplir su promesa. Ojalá que su tren no haya pasado de largo y para siempre.

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