Jorge Ebro

Carl Pavano, el disgusto interminable de los Yankees

Como un pirata de la era moderna.

Así ven a Carl Pavano muchos aficionados de los Yankees de Nueva York cada vez que el derecho sale al montículo vistiendo el uniforme de los Indios de Cleveland, como si los últimos cuatro años de su carrera no hubieran existido y en la mente colectiva de los Bombarderos del Bronx no quedara ni el recuerdo de su paso por la franquicia que le dio tanto sin recibir nada a cambio.

En cuatro años con los mulos, Pavano cobró hasta el último centavo de los casi $40 millones que George Steinbrenner le ofreció por sus servicios, pero el lanzador apenas pudo hacerse sentir en el box con sólo 26 aperturas, debido a un rosario de lesiones que fueron desde fracturas en las costillas, golpes en el trasero y hasta una operación Tommy John en el codo derecho.

Eso no podían imaginarlo en el Yankee Stadium en el 2004, cuando Pavano era la estrella de la rotación de unos Marlins condenados a perderlo de manera irremediable a causa de la anemia crónica de sus finanzas.

Pavano estuvo soberbió ese año al terminar con 18 victorias y su nombre llegó a ser mencionado entre los posibles candidatos al Cy Young de la Liga Nacional. Tampoco se olvidó su valioso aporte en los playoffs de la temporada previa, que vio a los Marlins encumbrarse en la Serie Mundial.

El mundo del béisbol se inclinaba ante él y los Yankees, que son todo lo contrario de los peces a la hora de abrir la billetera, estaban seguros de haber encontrado al próximo Roger Clemens.

Ahora ya se sabe. El acuerdo monetario con Pavano pasará a la historia como uno de los mayores fracasos de los mulos...y mira que han botado dinero en Nueva York. Y del próximo Clemenes, pues nada de nada.

Cada vez que Pavano parecía acercarse a los parámetros de la salud, sucedía algún imprevisto que le impedía salir al terreno enfundado en las legendarias rayas de los Yankees, al punto que se convirtió en motivo de malestar para sus compañeros de equipo y de risa para los fanáticos.

El peor momento se produjo en agosto del 2007. Pavano estaba a punto de salir de la lista de inhabilitados, pero sufrió un accidente de tráfico que nunca reveló hasta que una una radiografía reveló fractura de dos costillas.

Cada vez -de las contadas ocasiones- que Pavano recorría el clubhouse del equipo, las miradas de sus compañeros de equipo se posaban en él como si fuera cuchillos, mientras la tensión y el alejamiento crecían hasta un punto de no retorno.

En ese mundo tan cerrado que suele ser la vida de los jugadores de Grandes Ligas es muy difícil que un pelotero la emprenda contra otra, al menos de manera pública. Eso es parte del código de hombría no escrito, pero que todos respetan. Bueno, todos menos José Canseco...

Por eso sorprendió cuando Mike Mussina vertió su frustracion con Pavano al cuestionar su "verdadero deseo de lanzar para los Yankees''.

"¿Será coincidencia, cuando sucede una y otra vez?", se preguntó Mussina. "Yo sé lo que es salir a lanzar sin estar al ciento por ciento. Muchas veces es una fina línea para decidir si uno puede trabajar o no. Después de 15 años [en las Mayores], sé cómo distinguir esa línea. Sus acciones han dejado un sabor amargo en mi boca''.

Y en la boca del resto de la organización.

Pero nada comparable a ver a este mismo Pavano, renacido, renovado, que ya ha enfrentado dos veces a los Yankees con seis entradas trabajadas en cada desafío. En los últimos tres años en Nueva York, el serpentinero sólo tuvos dos choques de seis capítulos.

En el fondo, los Yankees se preguntaban cómo habría sido Pavano saludable y valiente. Ahora lo han aprendido de una manera dolorosa.

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