Jorge Ebro

El héroe de carne y hueso

Associated Press

Racista a ratos, humanitario a veces, Jack London dejó un puñado de cuentos inolvidables -además su obra cumbre El Llamado de la Selva- entre los que se cuenta El Mexicano, un retrato de un patriota que se decide a boxear para recaudar fondos destinados a la revolución de Villa y Zapata.

Felipe Rivera, el personaje central de London, logra pactar un combate con el campeón casi invencible de los Estados Unidos, Danny Ward, pero pone como meta que la bolsa se comparta a todo o nada.

El final, si se puede entender para un hombre que perdió a sus padres en la vorágina revolucionaria, es feliz con un Rivera que sorprende al mundo del boxeo con su castigo al soberbio campeón y sueña con las armas que podrá enviar a los frentes de batalla con el dinero del triunfo.

Este también es el final con el que sueñan millones de fanáticos latinos, y en especial, mexicanos para el combate entre Juan Manuel Márquez y Floyd Mayweather Jr. este sábado en Las Vegas.

Márquez es el prototipo que habría inspirado a London. Humilde y comedido, el campeón azteca cautiva con su hablar pausado, el profundo amor que profesa a su familia y la manera caballerezca en que se refiere a sus rivales, incluso de Mayweather, que ya eso es el colmo de los buenos modales y de la resistencia.

Gracias a HBO y su programa 24/7 hemos conocido más de cerca a Márquez, sus rutinas de entrenamiento, el estatus de héroe que ha alcanzado en su tierra, hasta que toma su propio orine, porque piensa que esto fortalecerá su organismo.

Los mexicanos, y junto a ellos la mayoría de los latinos, se han arropado en la bandera y apoyan a Márquez con patriotismo extremo, pero creo que esta pelea pudiera tener un final muy distinto al del cuento de London, aunque en el fondo de mi corazón desee otra cosa.

Podemos estar hablando todo lo que quieran sobre la deuda de Mayweather con el gimnasio, sobre el poder de su pegada y eso está bien. Por otra parte, no creo que el estadounidense haya enfrentado jamás a un oponente con el coraje y el corazón de Márquez. Es perfecto material para una novela de mediodía.

A pesar de todo, nada garantiza el final feliz para Márquez, que ha reconocido carecer de la velocidad de piernas y manos de Mayweather, y confía en el poder de sus puños -Manny Pacquiao y Joel Casamayor saben bien lo que digo- para invertir la ecuación de la fortuna.

En el último párrafo del cuento, Rivera, el mexicano de London, vuelve solo a su esquina bajo la mirada de odio de los espectadores gringos que habían acudido a verle convertido en una sombra perdida, pero con toda la seguridad de que la revolución no se detendría.

Márquez, el mexicano de carne y hueso, estará acompañado por millones este sábado y su suerte no tendrá un impacto decisivo en los destinos de su patria, pero por una vez sería bueno que la realidad supere a la ficción.

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