Jorge Ebro

Mi Serie Mundial

JOE TORRE y Alex Rodríguez durante la primavera del 2007. La última juntos.
JOE TORRE y Alex Rodríguez durante la primavera del 2007. La última juntos. Associated Press

Todavía es un sueño lejano y ya le llaman "la Serie Mundial de la Autopista''. Constituye la ilusión de quienes esperan ver un choque entre los Dodgers y los Angelinos en el momento supremo de las Grandes Ligas.

El movimiento emocional en torno a esta idea crece y no faltan las razones: ambos clubes tienen a dos ex receptores como pilotos en Mike Scioscia y Joe Torre, jugadores superestelares como Vladimir Guerrero y Manny Ramírez, sus estadios distan el uno del otro 50 kilómetros y están unidos por una carretera.

¿A quién no le gustaría trasladarse por ella?

A mí no. Si no queda más remedio, pues bueno, habrá que tomar el camino que va de un parque a otro, pero si me dieran a elegir mi Serie Mundial tendrían que jugarla los Yankees de Nueva York contra los Dodgers.

El béisbol es casi una ciencia exacta y todo se desgrana en números, se mide en proyecciones y porcentajes, pero los libros de récords son incapaces de reflejar las subtramas humanas, las miserias y los desvelos que rondan tras la frialdad de las cifras.

Y vamos, un Clásico de Octubre entre Yankees y Dodgers tiene historias subyacentes de sobra para encandilar a los aficionados de todo el mundo, no sólo a los de una ciudad en la costa Oeste.

Para empezar, sería la vieja batalla entre el maestro y el aprendiz, porque fue Torre el que ayudó a Joe Girardi a dar sus primeros pasos como coach en el dugout, sin saber que éste sería su reemplazo en la Gran Manzana.

Nada personal entre los dos, pero vale la pena recordar la amarga manera en que Torre se despidió al final de la temporada del 2007 de la organización a la que ayudó a ganar cuatro títulos de Serie Mundial, y la convirtió en perenne inquilina de los playoffs.

Torre peleó contra George Steinnbrenner e hijos por lo que consideró faltas de respeto, fue abandonado por el gerente general, Brian Cashman, y por último pero no lo menos importante, nunca logró estructurar una relación fluida y transparente con su principal estrella: Alex Rodríguez.

En su libro The Yankee Years, Torre reconoció que "Alex monopolizó toda la atención. Nunca antes tuvimos alguien que acaparara tanta atención. Creo que cuando él llegó cambió la dinámica del equipo''.

Rodríguez ganó dos premios de Jugador Más Valioso durante los cuatro años que estuvo bajo el mando de Torre en el Bronx, pero apenas pudo ayudar a su mánager cuando más contaba: en octubre.

Irónicamente, Girardi sí está disfrutando de la producción otoñal de A-Rod, quien en la Serie Divisional contra los Mellizos de Minnesota bateó para .455 con dos cuadrangulares y seis impulsadas.

¿Será que el aprendiz superó al maestro?

Torres está considerado un maestro en el manejo de egos y de la comunicación, pero Rodríguez es el mayor fracaso individual de su carrera y una de las razones por las que hoy viste de azul pero sin rayas.

A lo mejor los Angelinos y los Filis me estropean este escenario, pero creo que una Serie Mundial entre Yankees y Dodgers será para alquilar balcones, porque nada mejor que una historia de calor humano escondida entre los números fríos.

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