Fútbol

Brasil no se merece este seleccionador

Ronaldinho de Brasil (derecha) lucha por la bola contra Lionel Messi (centro) y Fernando Gago de Argentina,  durante los Juegos Olimpicos de Pekín 2008.
Ronaldinho de Brasil (derecha) lucha por la bola contra Lionel Messi (centro) y Fernando Gago de Argentina, durante los Juegos Olimpicos de Pekín 2008. AFP/Getty Images

La selección de fútbol de Brasil, con cinco Copas del Mundo, es considerada como la mejor del orbeo, pero aún le falta en sus vitrinas el oro olímpico. Los auriverdes vinieron a Pekín con un gran equipo con el objetivo de llevarse esta vez el ansiado trofeo y tampoco lo consiguieron al caer ayer con Argentina en semifinales.

¿Qué falló?

Tal vez nada, que la albiceleste jugó mejor y punto. Quizás Lionel Messi le ganó el duelo a su amigo Ronaldinho, o a lo mejor le faltó el malcriado de Robinho.

En estos casos, cuando se pierde, siempre hay un responsable y esta vez está claro quién es: el seleccionador nacional Dunga.

Me parecía estar viendo la imagen de Dunga, cuando jugaba en la selección, impregnada en el equipo. La misma torpeza, con el mismo juego físico y rácano que no metía miedo ni en los escolares, en fin, este no era Brasil.

En la primera fase ante rivales muy débiles, Brasil jugó caminando, pero en cuartos ante Camerún ya dieron síntomas de su debilidad y ayer en la semifinal contra Argentina solo fue cuestión de tiempo.

Para colmo el bueno de Dunga se dio el lujo de dejar en el banquillo a Alexandre Pato, quien era el único hombre capaz de desequilibrar el marcador, puso a Ronaldinho pegado a la banda para que no hiciera daño al rival y como regalo, a nadie por la derecha.

Cuando el daño ya estaba hecho, tras dos golazos de "El Kun'', sacó a un mediocre Rafael Sobis, su hombre punta, y puso a Pato para que éste obrase el milagro.

Además cambia a Hernanes, el mejor hombre en la cancha por Thiago Nieves, y deja un hueco en la contención, que pagó con más goles.

Luego firmó su sentencia al dejar en el terreno a un gris Anderson y sustituir a Diego para darle entrada a Jo, quien no vio ni una.

Aunque para ser justo, Brasil jugó un buen primer tiempo, muy emotivo y con un gran nivel técnico, propiciado por el grupo de estrellas que inundaban la cancha, apesar de que faltó el gran animador: su majestad el gol.

En el segundo período siguió el banquete de buen fútbol hasta que paradójicamente Agüero rompió el idilio al rematar como los grandes arietes, con lo que sea, un centro-shut de Di María, tras una gran jugada de Gago poniendo el 1-0 en la pizarra.

Ahí se acabó la samba y el encuentro comenzó a jugarse a ritmo de tango. Acto seguido apareció el segundo y después el tercero para los albicelestes.

Brasil con el 3-0 recibía un correctivo, aunque en esta ocasión Ronaldinho no fue el culpable. El gaucho se unió a Marcelo y dio todo un recital en la banda izquierda, por donde le obligaron a jugar, fue generoso con el pase y seguramente con un buen ariete desde el inicio hubiera hecho estragos.

Como Messi, que sí pudo lucirse gracias a que Kun Agüero, de centrodelantero, anotó dos y dio el tercero.

Buen partido para los argentinos, quienes tuvieron un mediocampo muy sólido, con el doble pivote Gago-Mascherano, una defensa muy seria y un ataque de miedo, en un once en que Riquelme va perdiendo protagonismo a favor de Messi.

En la final, al igual que en Atlanta'96, le espera Nigeria, selección que ha ido progresando en el torneo y que bien pudiera complicarle la vida al mejor equipo de estos Juegos.

Argentina convirtió el sueño brasileño en una pesadilla olímpica y ahora para olvidarla tendrán que redimirse en el Mundial de Sudáfrica 2010, formando una gran seleÇao en la que Dunga no tenga sitio.



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pgonzalez @elnuevoherald.com



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