Fútbol

Venezuela se viste otra vez de Cenicienta en la eliminatoria

La estrella de Venezuela, Juan Arango, no puede creer la derreota de su equipo ante Paraguay.
La estrella de Venezuela, Juan Arango, no puede creer la derreota de su equipo ante Paraguay.

Un juego más, otra derrota. La vinotinto se agrió y después de que los venezolanos nos hiciéramos adictos al sabor de la victoria, la realidad nos ha golpeado una vez más y hemos caído en cuenta que al final todo fue un engaño al paladar.

El mal juego en los reveses ante Perú y Paraguay la despiertan del sueño mundialista


El fútbol venezolano, ese que había avanzado más que ninguno en los últimos años en Sudámerica, encontró el camino hacia la involución. La vinotinto retrocedió a la década de los ochenta y los noventa cuando era la Cenicienta de la región, el hazmerreír, los tres puntos fáciles de los rivales.

¿Cómo pasó esto? ¿En dónde se torció el rumbo?

La eliminatoria empezó con optimismo y por primera vez en la historia en las calles de Caracas se soñaba con la posibilidad real de ir a un Mundial. Venezuela ganaba en casa y afuera, y sobre todo, convencía con un juego que sin ser brillante, era efectivo. Pero el camino para una Copa del Mundo nunca ha sido fácil y menos para un país chico en términos futbolísticos.

Se perdieron algunos puntos y llegó la salida de Richard Páez, el técnico más exitoso en la historia del fútbol venezolano y quien una vez llegó a ser el arquitecto de los sueños.

Y aunque Páez dejó a Venezuela entre las cinco mejores de la región, creo que era el momento de buscar a alguien con más experiencia y con más capacidad para alagarle los pantalones a un equipo que evidenciaba capacidad para cosas más grandes.

Pero la Federación Venezolana de Fútbol desnudó una vez más su miopía y contrató a un técnico de menos experiencia, a un joven que ni siquiera era la primera opción que se tenía en mente.

Antes de subir a las grandes ligas del fútbol, César Farías apenas había dirigido en la liga venezolana, una de las de menor nivel en el continente, así como en un puñado de partidos de la Copa Libertadores.

Su contratación fue un error.

Si el deseo era continuar con un técnico venezolano, pues en estos momentos no hay nadie mejor que Páez.

Pero en todo caso, había que ser más ambiciosos y buscar a un gigante, a alguien de la talla de un Bora Milutinovic, un Carlos Alberto Parreira.

Bajo el mando de Farías, Venezuela ha logrado apenas un punto, luego de perder ante visitantes ante Perú, un cuadro que atraviesa su peor momento en los últimos años. El revés ante Paraguay era previsible, pero lo que más ruboriza y preocupa es la pobreza de juego, el paupérrimo nivel, el estilo incoloro y el ayuno creativo del cuadro venezolano.

Ante Perú y Paraguay, más allá de no cosechar ningún punto y de despertarse abruptamente y en forma definitiva del sueño de Sudáfrica, lo más preocupante fue la dislexia en todas las líneas del equipo de Farías. En resumen, la defensiva no defendió, la ofensiva no atacó y el portero no atajó.

Para completar el desalentador cuadro, las estrellas olvidaron sus poderes de superhéroes y de improvisto, el gran "Arangol'' pasó a ser Juan Arango, un hombre regular más, un ser de carne y hueso.

La vinotinto de hoy parece haber entrado en una suerte de máquina del tiempo que la retrocedió a sus tiempos más difíciles, de cuando se privilegiaba el patadón sin sentido por encima del toque corto y preciso.

Y lamentablemente Farías no es capaz de reencontrar el camino que le permita a Venezuela volver a revivir aquellas jornadas en las que la vinotinto se volvió irreverente, dejó de creer en la historia y logró el cometido final del fútbol, terminar con la victoria.



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