Fútbol

Barça-Madrid: rivalidad eterna

El jugador del  Barcelona Edgar Davids y Michel Salgado del Real Madrid, en un juego el 25 de abril del 2004. (AP Photo/Fernando Llano)
El jugador del Barcelona Edgar Davids y Michel Salgado del Real Madrid, en un juego el 25 de abril del 2004. (AP Photo/Fernando Llano)

Alberto Cacho casi salta de su asiento cuando Dani Mayol termina su arenga a favor del Barcelona. No sólo su amigo catalán ha apelado a la historia del club y a su excelente momento para ilustrar la superioridad del equipo blaugrana sobre el merengue, sino que le ha llamado "el equipo de los que sueñan con la libertad''.

Después de un instante de malestar, Cacho, que nació en la capital española y es ferviente hincha del Real Madrid, baja la intensidad de su ira y casi se burla de las encendidas palabras del amigo.

"Dani, por favor, ni que estuviéramos en los tiempos de El Caudillo'', riposta el madrileño poco antes de que Barcelona y Real Madrid salgan al campo del Santiago Bernabeu para disputar un choque que con toda solemnidad es reconocido como El Clásico.

El Caudillo, por supuesto, es Francisco Franco Bahamonde, el hombre que durante décadas mantuvo el poder en España y que, de cierta manera, contribuyó a moldear una de las más grandes --muchos afirman que la mayor-- rivalidades en el mundo del deporte.

Hoy en día, el Clásico tiene un tinte menos político que durante la convulsa era de la Guerra Civil y sus años posteriores, pero aún se advierte la corriente divisoria entre las ideas del centralismo madrileño y el autonomismo catalán.

Aunque ambos clubes no asumieron una posición u otra en el conflicto y probablemente hayan sentido por igual el rigor del franquismo, lo cierto es que el Real Madrid --tal vez por su cercanía geográfica-- era visto como el equipo "oficial'' por los seguidores del Barcelona.

A esto contribuyó, sin duda, el hecho de que Franco prohibió el uso del idioma catalán y los símbolos de la región. No por gusto los catalanes hablan de su equipo con una frase sólida en su lengua: "més que un club'' (más que un club).

"Me cuentan que los catalanes se iban a los juegos para sentirse catalanes y hablar en catalán entre ellos'', explica Mayol. "Hombre, claro que mucho ha cambiado de esas fechas hasta ahora. Lo que no cambia es ese orgullo sano de sentirse catalán mientras se apoya al BarÇa''.

El político, sin embargo, es solo uno de los múltiples ingredientes que ha convertido a este juego en una especie de parada obligada en el calendario futbolístico del mundo y con millones de fanáticos ansiosos delante de sus televisores.

No se pueden dejar a un lado los componentes económicos y sociales, aumentados con la emergencia de Cataluña como el otro centro de poder en España, y por supuesto, el futbolístico.

De un lado, la genialidad de un Lionel Messi al que se le compara para bien y para mal con Diego Armando Maradona y genera goles a su antojo, uno más bello que el anterior; del otro, la potencia de un Cristiano Ronaldo que arrastra las defensas como un mar desbordado.

En el fondo, se trata del choque de dos caminos hacia el éxito: la creación de cantera capaz de suministrar talento, ejemplificada por La Masía (donde el Barça forja a sus jugadores) y el juego artístico de ese club; y la compra efectista de estrellas, sin reparar en gastos, de que hace gala la actual administración del Madrid.

Si algo hermana a estos equipos es el afán por ganar. Joaquín Upset, un reportero barcelonés que ha vivido muchos años en Estados Unidos, no puede encontrar una rivalidad parecida en otros ámbitos del deporte, aunque menciona River Plate vs. Boca Juniors en Argentina, Chivas vs. América en México...

"Digamos que Nueva York contra Boston en el béisbol... se parece en algo, pero no igual, porque no existe ese fondo histórico y político'', afirma Upset sobre un encuentro que ha ganado 68 veces el Real por 61 el Barça con 30 empates. "Recuerdo en la NBA la enconada rivalidad entre los Lakers y los Celtics, pero la pasión era de otro tipo. Un Barcelona-Madrid es de cuidado, te puede dar un infarto''.

Entonces, ¿ni siquiera se le acerca el encono entre Yankees y Medias Rojas?

"Nada que ver, y a pesar de que en Boston le llaman El Imperio del Mal a la Gran Manzana'', afirma Giraldo González, un cubano que reside hace una década en Barcelona. ‘‘Si aquí te asomas un sábado en la calle y no ves a nadie, es que están viendo el juego en casa. Si sales el domingo y de nuevo no ves a nadie, ponle el cuño, es que perdió el Barça. En cambio, si gana, la fiesta sola avisa''.

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