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Este es un buen año para ser malo en Miami

HASSAN WHITESIDE tras recibir un golpe en el ojo el 30 de diciembre contra Boston.
HASSAN WHITESIDE tras recibir un golpe en el ojo el 30 de diciembre contra Boston. AP

Este es un buen año para ser malo. Una temporada para mirar las cosas con calma y ponerlas en perspectiva, sobre todo si se trata del Heat. De nada vale rasgarse las vestiduras con un equipo que va de parte alguna a ninguna parte y que -utilizando un grado de cinismo intenso- corre el peligro de colarse entre los ocho a los playoffs.

La derrota del domingo confirmó, entre lesiones y errores propios del juego, que estamos en presencia de una de las peores escuadras que haya vestido alguna vez el uniforme de esta ciudad. Aquellos tiempos del "White Hot'' o del "Back in Black'' han dado paso a este período gris que apenas deja espacio a la imaginación de tiempos mejores, aún por llegar.

Sin duda, el año no puede pintarse mejor para ser de los peores. Quienes siguen el básquetbol universitario afirman que esta puede erigirse en una de las mejores camadas de prospectos en largo rato, y se habla de jóvenes como Jayson Tatum (Duke), Markelle Fultz (Washington) o Josh Jackson (Kansas), en un tono de seguridad, de figuras que pueden tener un impacto inmediato y revulsivo.

Miami tendría que someterse a la lotería del Draft Universitario, pero siempre le ayudaría el hecho de finalizar en uno de los últimos puestos y, de ser ciertos los comentarios sobre el talento de esta generación joven, siempre pescaría algo interesante para mostrar e ilusionar a sus fanáticos.

Cuidado. No estoy diciendo que el Heat debe perder de manera descarada y descubierta para asegurarse una buena elección. Eso sería poco profesional de mi parte y más aún de parte del conjunto que el gran arquitecto, Pat Riley, ha conformado para estos días. No señor.

Haga lo que haga, Miami va a finalizar entre los más profundos en la oscuridad de la tabla de posiciones. Sencillamente, el talento no le va alcanzar, y si alguien todavía contempla signos de esperanza, pues que espere el regreso de la gira que este martes comienza en Phoenix antes de continuar camino rumbo a Sacramento y Los Angeles.

Sin Hassan Whiteside, el Heat resultó dominado por completo el domingo en la pintura por un hombre como Andre Drummond. No hay que ser un experto en canastas para imaginar lo que pudiera suceder contra DeMarcus Cousins y DeAndre Jordan. Si las derrotas en casa son moneda corriente, ni un cruzamiento de dedos alejará el fantasma de más fracasos en el Lejano Oeste.

Miami ha tratado, eso está fuera de toda duda. El coach Erik Spoelstra ha movido sus débiles fichas en medio de las lesiones y nada ha resultado. Aunque recibiera de pronto a todos sus jugadores, a Goran Dragic, a Whiteside, a Dion Waiters, eso no cambiaría mucho la mayoría de los desenlaces. El volumen de calidad no se equipara con otros conjuntos del Este.

Ya de nada vale ponernos bravos, ni criticar este o aquel movimiento. Tampoco mencionar la partida de Dwyane Wade, quien tiene sus propios problemas en Chicago. Habrá que esperar pacientemente que pasen estos cuatro meses de temporada y confiarnos en dos cosas: la inteligencia de Riley y ese puesto en la lotería. No queda de otra.

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