NBA

LeBron James, la derrota expone sus miserias humanas

LeBron James.
LeBron James.

Si lo hicieron Michael Jordan, Larry Bird, Julius Earving y Magic Johnson, ¿quién se cree LeBron James que es para no darle la mano al enemigo que le derrotó limpiamente en la cancha de baloncesto?.

Con el fulgor del último canastazo de Orlando en la Final del Este, quedó claro que el Mejor Jugador de la NBA no iba a estar presente en la cita decisiva que comienza esta noche en Los Angeles para desconsuelo de quienes soñaban con un duelo entre él y Kobe Bryant.

En el fondo, James no podía aceptar que luego de una campaña tan soberbia, de dominar y humillar a la mayoría de sus oponentes, un Magic de poca monta lo enviara temprano al descanso veraniego y a la condena de ver los choques por televisión.

Pero cuando el humo de la celebración se disipó en Orlando, nadie pudo encontrar a James para que estrechara la mano de sus rivales y enfrentar a la legión de periodistas que aguardaban sus comentarios.

Se fue por la puerta trasera para evadir las mismas luces que un día antes sirvieron de perfecto escenario para sus triunfos y todavía no ha dado la cara, esa misma que vemos en tantos comerciales y actos multitudinarios.

James no ha ganado todavía un juego en una Final de la NBA y su acto de posar para una camara invisible ahora queda como un hecho ridículo. Alguien debería halarle las orejas y hacerle tragar su soberbia. La humildad es parte inseparable del proceso de saber llevar una corona.

Joe Dumars contaba que cada vez que los Pistons vencían a los Bulls en las finales de conferencia - y fueron varios años de sufrimiento-, Jordan permanecía estoicamente en la cancha para saludar a sus vencedores.

Sin embargo, cuando finalmente Chicago pudo superar el obstáculo de Detroit y avanzó para nunca mirar más atrás en su búsqueda de seis títulos, ni Isiah Thomas ni otros jugadores de los Bad Boys se quedaron a rendirle tributo al vencedor.

Dumars se quedó. "Cómo no iba a abrazar a Jordan, si él siempre me esperó para felicitarme''.

En el caso de James, la montaña de críticas es parte del proceso de aprendizaje, de saber ser elegante en las horas del triunfo y en los momentos bajos de la derrota, por muy dura que esta fuera.

En eso, Dwyane Wade le lleva ventaja.

Siempre, absolutamente siempre, el escolta de Miami ha encontrado un minuto para reconocer al vencedor, y ventilar sus sueños y desesperanzas con los medios, aunque por dentro quiera estar más sólo que la luna.

Wade, por otra parte, también le lleva cierto tramo a James -uno de sus mejores amigos fuera del básquetbol-, porque al menos entiende lo que significa un título, mientras que el jugador de Cleveland sólo puede imaginárselo.

Tal vez nos apuramos en proclamarlo como el nuevo rey de la NBA.

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