NBA

Shaq y Lebron juntos alteran el panorama de la NBA

La onda expansiva de la noticia sobre el canje que situará a Shaquille O'Neal en Cleveland no llegara Miami hasta dentro de unos meses, cuando la nueva temporada de la NBA esté en pleno desarrollo.

Pero su arribo será estremecedor.

El Heat tiene que haber tomado nota. No le puede pasar por alto un hecho evidente: los Cavaliers quieren repetir la misma fórmula con la que Pat Riley logró el primer título de la organización de la Capital del Sol.

Tras una debacle de proporciones telúricas, en Cleveland están desesperados, porque intuyen que dejaron escapar una oportunidad dorada en los playoffs pasados y que James, dolido en lo más profundo de su ego, no lo pensaría dos veces en hacer las maletas el próximo año rumbo a la agencia libre.

De hecho, se cuenta que fue el propio James el que le dio un ultimatum a sus jefes: o me buscan a Shaq, o me voy con mis canastas a otra parte. Y ya se sabe, lo que LeBron quiere en Cleveland, LeBron lo tiene.

Menos un título.

Por eso, el Jugador Más Valioso de la liga se ha puesto en fila y le ha abierto los brazos a un gigante que se especializa en formar dúos dinámicos con jóvenes jugadores para alcanzar la meta superior de la NBA

Ya Shaq lo hizo varias veces en Los Angeles con Kobe Bryant y en Miami junto a Dwyane Wade, de modo que no debería sorprender a nadie si en el ocaso de su carrera encuentra fuerzas para darle a James el empujón final hacia la gloria.

Fuentes cercanas a O'Neal afirman que el centro, a pesar de sus 37 años y de que sus mejores días son parte de la historia, se encuentra en un punto alto en el tema de la motivación.

Shaq, que se fue de Miami en medio de una agria disputa con Riley, varios de los jugadores y el cuerpo médico, utilizó a los Suns de Phoenix como trampolín para posicionarse de nuevo en el mapa del básquetbol.

Se dice que ha contratado un entrenador personal que usa los mismos métodos de los doctores que obraron maravillas en Phoenix y que le devolvieron gran parte de sus capacidades. No olviden que el gigante participó en 75 de los 82 juegos de la campaña anterior y sus números volvieron a remontar.

Esa hambre mental unida a su revalorización física convierten a Shaq en un excelente condimento para Cleveland -y para el comisionado David Stern, que aún sueña con una final LeBron vs. Kobe- pero en un mal presagio para el resto de la Conferencia Oeste, sobre todo para Miami y Orlando -no olviden que Stan Van Gundy despertó la ira del Diesel con críticas hacia su juego.

Viene dispuesto a arrasar con todo y con todos, y en especial con esos que pusieron en duda su relevancia.

Y por otra parte, si la idea de lograr un título para Cleveland no fructifica, al menos la NBA se hará más interesante, porque si Shaq ya no juega al tope de sus habilidades, al menos nunca aburre.

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