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Los Pelicans niegan tener prisa por revelar planes tras ganar la lotería del draft

David Griffin, vicepresidente ejecutivo de operaciones deportivas de los Pelicans de Nueva Orleáns, sostiene un letrero luego de que se anunció que su equipo había ganado la lotería del draft de la NBA, el martes 14 de mayo de 2019.
David Griffin, vicepresidente ejecutivo de operaciones deportivas de los Pelicans de Nueva Orleáns, sostiene un letrero luego de que se anunció que su equipo había ganado la lotería del draft de la NBA, el martes 14 de mayo de 2019. Foto: AP

En una ciudad familiarizada con las cábalas, era lógico que la gente diera casi una dimensión poética de justicia al hecho de que su equipo de basquetbol sea el que va a decidir el destino de un cotizado astro, quien curiosamente se llama Zion.

Dejando al lado las explicaciones místicas, los Pelicans de Nueva Orleáns ocupan un lugar privilegiado, pero descartaron que tengan prisa en dar a conocer sus planes para el jugador que probablemente será su primera selección en el draft, Zion Williamson. Tampoco quieren adelantar decisiones acerca del astro insatisfecho Anthony Davis.

Una franquicia que pareció al borde del desmantelamiento durante los meses transcurridos desde que Davis exigió ser canjeado a la mitad de la temporada, se ha fortalecido repentinamente con las ventajas que otorga ganar la lotería del draft de la NBA.

La fortuna ha dado a los Pelicans la opción de seleccionar a la estrella de Duke, considerada el mejor prospecto desde que Davis ingresó a la liga en 2012.

“El efecto que tiene para la franquicia y para la ciudad de Nueva Orleáns ni siquiera es medible en este momento”, comentó David Griffin, quien fue contratado hace apenas unas semanas como vicepresidente ejecutivo de operaciones deportivas de Nueva Orleáns. “Hay una oleada de emoción que, francamente, se siente”.

“Lo que viene después es que tenemos que hacer que valga algo. Es muy divertido, pero ahora tenemos que construir un ganador”.

Ganar la lotería del draft fue una grata noticia para unos atormentados aficionados deportivos de Louisiana, que han tenido que soportar unos difíciles primeros meses de 2019, no sólo en el basquetbol.

Todo comenzó con la infame falta no decretada por los árbitros en la final de la Conferencia Nacional que probablemente les costó a los Saints el boleto para acceder al Super Bowl de la NFL.

Los fanáticos estaban tan molestos que muchos se unieron para presentar demandas contra la liga o asistieron a fiestas el domingo en el que se celebró el Super Bowl con una transmisión de la victoria de los Saints en 2010 en lugar del partido entre los Patriots de Nueva Inglaterra y los Rams de Los Ángeles.

Menos de dos semanas después, Davis, elegido seis veces al Juego de Estrellas de la NBA y el rostro de los Pelicans, exigió ser canjeado. Como si eso no fuera suficiente, el gerente general Dell Demps, quien estuvo en el cargo durante nueve años, fue despedido al poco tiempo.

Tras la serie de eventos desafortunados, el analista político y residente de Nueva Orléans, James Carville, _y quien es un ávido fanático deportivo_ adoptó una teoría pesimista: “Somos un pueblo maldito, y todo lo que vamos a recibir son maldiciones”.

Entonces, llegó la lotería del draft de la NBA el martes por la noche, en la que los Pelicans tenían una probabilidad del 6% para ganar la primera selección para el reclutamiento del 20 de junio.

Y la suerte comenzó a sonreírles.

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