Olimpiadas

La odisea del portador de la bandera de EEUU

Cuando López Lomong escuchó por primera vez la palabra olimpiada no sabía de que se trataba, pero un amigo le convenció de caminar las cinco millas que separaban a su campamento de refugiados del único televisor en blanco y negro de toda la comarca para ver "eso que era algo grande''.

López Lomong, de refugiados en Sudán a adanderado de Estados Unidos


"Llegamos y lo único que pude ver fue a Michael Johnson ganando el oro en Sidney [2000]'', recuerda Lomong. "Quedé maravillado. Allí estaba aquel hombre al que todos aplaudían por correr y le premiaban con una medalla de oro. Yo me había pasado la vida corriendo y nadie me había aplaudido. La hacía por necesidad. Me dije ‘algún día quiero ir a una olimpiada'''.

El sueño no sólo se le cumplió a este joven que es uno de los llamados Chicos Perdidos de Sudán, sino que se le presentó con un valor añadido: el de desfilar como abanderado de la delegación de Estados Unidos.

La ironía no se pierde en estos Juegos, pues Lomong es uno de los miles refugiados de Darfur que sufrieron la tiranía sudanesa apoyada por el gobierno que ayer realizó con toda la majestuosidad posible una ceremonia más allá de lo común.

Con apenas seis años, Lomong fue secuestrado por la milicia sudanesa para convertirlo en uno de esos niños-soldados que crecen, por la fuerza de sus captores, ajenos a cualquier trazo de humanidad.

"Perder mi familia a tan temprana edad, es como una herida que todavía no acaba de cicatrizar'', expresa Lomong. "Después de mucho tiempo pudo reunirme con ellos, pero el tiempo perdido ya no se recupera''.

Eventualmente, el muchacho escapó de las fuerzas parapoliciales sudanesas luego de abrir un hueco en una cerca alambrada y tras tres días de dura caminata llegó a Kenia, donde las autoridades lo enviaron a un campo de refugiados.

Allí pasó 10 años viviendo con una sola comida al día.

"Su historia es una tremenda inspiración para todos los miembros del equipo olímpico'', comenta el atleta de taekwondo, Mark López, hijo de padres nicaragüenses. ‘‘Estados Unidos es un país diverso, donde gente de todo el mundo va en busca de una mejor oportunidad. Lomong logró su sueño a pesar de muchas adversidades. No pudo haberse elegido a mejor persona para llevar la bandera...Además también es un López''.

Gracias a un programa de relocalización del gobierno estadounidense, Lomong fue a vivor a Nueva York con la familia Rogers y ganó una beca para la Universidad de Northen Arizona, donde sus habilidades le convirtieron en un atleta de élite.

El 6 de julio, exactamente un año después de naturalizarse como ciudadano de Estados Unidos, Lomong calificó para el equipo olímpico de su nuevo país para participar en la prueba de 1,500 metros planos, pero nunca esperó que se le designara como el abanderado.

Lomong disfrutó del mismo honor, entre otros, que el suizo Roger Federer, el alemán Dirk Nowitzki, el chino Yao Ming y el argentino Manu Ginóbili, pero ninguno de ellos sostendrá la bandera con tanta responsabilidad que este sudanés.

"No sé qué habrá más allá de un sueño hecho realidad, pero si ese estado de ánimo existe, yo estoy ahí'', agrega Lomong. "Este premio lo agradeceré mientras viva, porque no es sólo para mí, sino para todos aquellos que se encuentran en la misma situación en que yo me encontré en el pasado''.



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