Olimpiadas

Nuevas mentiras ponen en duda veracidad de los chinos

Lin Miaoke, la que dobló la voz de Peiyi.
Lin Miaoke, la que dobló la voz de Peiyi.

La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos va pasando de ser un espectáculo de primer nivel a un reality show de esos que tanto abundan en la televisión estadounidense: lo que se ve no es lo que es.

Y eso vale para muchas cosas en la sociedad china.

Primero los organizadores reconocieron que las famosas 29 pisadas de fuegos artificiales que recorrieron Pekín para conmemorar el número de estos Juegos no fueron las que se pasaron en la transmisión a todo el mundo, sino un video grabado de antemano.

Luego que la niña que cautivó a los 91,000 espectadores en el Nido del Pájaro y a la audiencia global con una interpretación de una canción en honor a China no era la verdadera cantente sino que había doblado.

Y ahora el Comité Olímpico admite que los pequeños vestidos con trajes típicos de las etnias de China en la ceremonia inaugural no pertenecían a dichas minorías, sino que eran de la mayoría Han, que constituye el 90 por ciento de la población.

¿Qué es lo que viene ahora? ¿Qué el espectáculo en su totalidad era sólo una ilusión óptica para engatuzar a tontos?

El vicepresidente ejecutivo del comité organizador, Wang Wei, le ha restado importancia a estas mentirillas y dice que se produjeron en aras de que la ceremonia resultara mejor en su conjunto.

Wei, quien da la cara diaramente a los reporteros en el Centro de Prensa Internacional y recibe andanadas de críticas, se ha convertido en un experto en desviar preguntas y su técnica reside en restarle importancia a los temas.

Sobre el video de las pisadas afirmó que "no se quería correr riesgo en la televisión''. Acerca de los supuestos niños de minorías comentó que "es bastante normal para los actores y actrices en las obras chinas vestirse con trajes de diferentes grupos étnicos. No hay nada especial al respecto''.

Y de el hecho de que una niña de ocho años cante con la voz de otra de siete...

Aquí Wang tiene poco que argumentar, porque en el fondo sabe que es una crueldad tremenda decirle a una pequeña que sólo se escuchará su voz debido a que no es tan bella --sus dientes no eran los más lindos--; y a la otra que doblará con mímica, porque su voz no es la mejor.

Este no es el caso de un Luciano Pavarotti enfermo de cáncer, que a los 71 años dobló en la apertura de los Juegos de Invierno de Turín, porque su cuerpo gastado no daba para más. El sabía y el público sabía. Era un homenaje al genio en retirada que moriría poco después.

La que dobló, Lin Miaoke, se convirtió en celebridad de la noche a la mañana y todos creíamos el engaño; la que cantó y no se vió, Yan Peiyi, llegó a afirmar que no le importo que le dijeran que no debería salir por no ser tan bella.

Es más, recalcó que era un honor que usaran su voz. Qué otra cosa iba a decir esta criatura.

Peiyi usó, ni más ni menos, la misma fórmula de los miles de voluntarios que atienden cada detalle en los Juegos supervisados por una vigilancia extrema: muestra la sonrisa en todo momento aunque por dentro quieras ver a los extranjeros a mil millas de distancia.

Al final este es un país de sombras y no precisamente chinescas.

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