Olimpiadas

Argentina golea a Brasil 3-0 y jugará de nuevo por el oro

La selección argentina de fútbol gozó la noche del martes de una goleada histórica en un superclásico olímpico frente a Brasil por 3-0, con dos estocadas de Sergio 'Kun' Agüero y un tiro penal de Juan Riquelme, para poder defender el oro en una final contra Nigeria.

La noche gloriosa de los albicelestes tuvo como protagonista a un recuperado Agüero, quien marcó a los 53 y 58 minutos, en tanto que aumentó Juan Román Riquelme, de tiro penal, a los 75, para desquitarse de las finales de Copa América de Perú-2004 y Venezuela-2007

Los brasileños, que ansiaban ganar por primera vez el oro en los Juegos Olímpicos, sufrieron las expulsiones de Lucas y Thiago Neves.

Nigeria había goleado a Bélgica por 4-1 en la otra semifinal.

La final se jugará el sábado en el mismo escenario.

Ambos equipos coincidieron en el planteo estratégico de cuidar el balón, mantener la posesión de la pelota y por lo tanto la supremacía del juego, sin ceder ni un palmo, sin regalar ni un centímetro de terreno ni espacio.

El mutuo respeto y el peso histórico del compromiso llevó a que faltara algo de locura, de invención, de genialidad desequilibrante salvo cuando la pelota caía en los pies de Lionel Messi.

El delantero de FC Barcelona jugaba a una velocidad de rayo, distinta de los otros 19 jugadores de campo, incluso para capturarle la pelota a defensores sin tanto dominio como Marcelo o Breno, pero sin puntería, con la pólvora mojada.

Argentina progresaba con el campo con la labor de obrero infatigable y rueda de auxilio que cumplía Fernando Gago, la segunda figura de su equipo en la primera etapa, mientras que Brasil reiteraba salidas por el flanco izquierdo.

Los auriverdes buscaban un callejón de desplazamiento por el ala de Marcelo, quien se apoyaba sin pausa en Ronaldinho, cuyo talento aparecía sólo por ráfagas, aunque le puso como con la mano un pase-gol de 25 metros a Rafael Sobis que el delantero echó a perder.

¿Por qué Ronaldinho jugaba estacionado por la izquierda, sin meterse en la zona caliente, limitado a los pelotazos de largo alcance, milimétricos, pero lejos de la jugada, lejos del arco?.

Un misterio que sólo puede explicarse por su estado físico aún inapropiado, pero la táctica dejaba librado el poder de fuego a los avances ordenados pero estériles de Diego.

Una alternativa eran los desbordes de Rafinha, adelantado en el campo para superar falencias del flanco izquierdo argentino custodiado por Luciano Monzón y Ezequiel Garay, pero la tónica del partido era la lentitud y la falta de profundidad.

Brasil se mostraba como una escuadra marcada a fuego por el estilo prudente y conservador de Dunga, pero sin renunciar al ataque, a los contraataques que pudieran nacer de los botines de Diego y Hernanes.

Firme Nicolas Pareja en el fondo argentino y sin demasiados sustos para la pareja defensa Alex Silva-Breno, el encuentro languidecía en la intrascendencia, aunque los aficionados lanzaban una ensordecedora gritería de entusiasmo cuando algún jugador intentara quebrar la monotonía.

Los "¡uuuh!'' o los "¡aah!'', o los cánticos alternados de "Brasil'' o ‘‘Argentina'' pronunciados claramente por el público chino, intentaban darle fuego a las acciones.

Pero si Messi era el vértigo excitante, el relámpago que iluminaba el cansino juego de los argentinos, el hecho de que lo mejor de la cancha fuesen Gago y Lucas era un signo elocuente del tipo de espectáculo que se veía.

El gol de Agüero, nacido de una soberbia apertura de Gago y un centro a media altura de Angel Di María y anotado con un toque de cuerpo, con alma de goleador, fue el despertador que hizo salir a Brasil de su abroquelamiento.

En menos de cinco minutos Brasil creó tres situaciones de gol, una de ellas un tiro en el palo, pero Argentina demostró que quien pega primero pega dos veces y otro centro fuerte, ahora de Ezequiel Garay volvió a ser conectado por Agüero.

Dunga movió con energía el tablero al ordenar los ingresos de Alexandre Pato, Thiago Neves y Jo, con la intención de quemar las naves y echar las últimas cartas sobre la mesa.

  Comentarios