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El taekwondo le da el primer oro a México

Guillermo Pérez
Guillermo Pérez AP

Los surcoreanos habrán sido los padres del taekwondo, pero los latinoamericanos son sus hijos más aventajados.

Quien lo dude, puede preguntarle al mexicano Guillermo Pérez.

Bastaba observar la alegría de Pérez luego de derrotar al dominicano Gabriel Mercedes en la batalla por el oro en la división de los 58 kilos para percibir lo que el taekwondo significa en su vida.

"Todo'', exclamó Pérez, quien conquistó la primea medalla de oro para su país en estos Juegos Olímpicos.

Pero la plata del quisqueyano Mercedes no es de menos valor, ni tampoco el bronce de la cubana Daynellis Montejo, ni el de la venezolana Dalia Contreras, ambas en la categoría de 49 kilos.

El taekwondó le preparó a los hispanos un verdadero festín, comenzando con un Pérez que luchó como un león y no paró hasta llegar a la porfía por el oro donde, más para bien que para mál, le esperaba Mercedes.

"Me costó trabajo dominarlo, porque peleó con una agresividad tremenda y se movía con mucha velocidad'', expresó Pérez. "Pero yo vine preparado mentalmente a ganar. Sabía que no podía regresar a México con otra cosa que no fuera el oro''.

Esta la 53ra medalla olímpica de la historia para México, su undécima dorada, pero Pérez cree firmemente que esa suma será incrementada antes de que se apague la llama en el Nido del Pájaro.

Antes de que Pérez levantara su puño en señal de victoria, la última medalla de oro para la tierra azteca había sido de la pesista Soraya Jiménez en los Juegos de Sidney.

Y ahora Pérez asegura que vendrán más.

"El que crea que esto terminó, se equivoca, porque el taekwondo va a dar más'', comentó en referencia a sus compatriotas Idulio Islas y María Espinoza. "Ellos se han preparado tan bien como yo y lucharán de tú a tú con los mejores''.

El propio enfrentamiento entre Pérez y Mercedes fue considerado una joya técnica por los especialistas que acudieron a Pekín y sólo se decidió en tiempo extra, porque el dominicano vendió muy cara su derrota.

Al final experimentó sentimientos encontrados.

"He luchado durante mucho tiempo y vine por el oro, pero sólo me llevo la plata'', comentó el quisqueyano. "Por un lado me da pena, aunque al final también siento alegría de que dos latinos hayamos llegado tan lejos y tan alto. Me siento orgulloso de que mi vencedor sea un mexicano''.

Para Pérez, esta medalla también tiene sabor a redención, porque en los últimos dos años muchos dudaron de que pudiera representar a México en los Juegos Olímpicos debido a sus constantes altibajos.

Un día asombraba a todos con su plata en el mundial de China 2007, luego provocaba asombro al ser eliminado del conjunto mexicano que asistió a los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro.

A duras penas pudo hacer el grado a Pekín, pero una vez aquí fue otro hombre.

"A veces para llegar a un momento grande hay que pasar por otros bajos'', recalcó Pérez. "Eso lo prueba a uno, la adversidad. Pero al taekwondo le he dedicado toda una vida y ahora me está recompensando''.

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