Olimpiadas

Una potencia deportiva mundial

EL ENTRENADOR 
francés Christian 
Bauer (seg.der.) 
posa con la china 
Zhong Man y el 
resto de los 
atletas que 
ganaron el torneo 
masculino de 
sabre en los 
Juegos Olímpicos 
de Pekín.
EL ENTRENADOR francés Christian Bauer (seg.der.) posa con la china Zhong Man y el resto de los atletas que ganaron el torneo masculino de sabre en los Juegos Olímpicos de Pekín. AFP / Getty Images

Con sus productos baratos y masivos, China ha inundado al mundo con sus exportaciones, pero no por eso deja de importar bienes, sobre todo si se trata de los mejores entrenadores en el mercado.

Aunque no siempre la relación ha sido la mejor, los coaches extranjeros han jugado un papel de primer orden en la transformación del gigante asiático en una potencia en el lapso de una década que tiene como punto culminante estos Juegos Olímpicos.

"No cabe duda de que estos entrenadores foráneos son elementos significativos dentro de la delegación china'', comentó Cui Dalin, responsable máximo del grupo de deportistas de la nación anfitriona. "Nos han ayudado mucho a dar pasos enormes en disciplinas en las cuales estábamos algo atrasados''.

Según datos oficiales, en la actual embajada deportiva china aparecen 38 entrenadores provenientes de 16 países que han asumido la preparación en 17 disciplinas.

Y los resultados no se han hecho esperar.

Guiada por el legendario coach francés, Christian Bauer, la china Zhong Man ganó el oro en el sable individual para darle al país su primera medalla de ese metal en más de 24 años.

Zhang Lin logró una plata bajo la preparación del entrenador australiano, Denis Cotterell, el hombre que formó al rey de la distancia en la natación, King Grant Hackett.

El bote de cuatro remos femenino integrado por Tang Bin, Xi Auhia, Jin Ziwei y Zhang Yangyang se llevó el oro, un premio que dedicaron al ruso Igor Grinko.

Antes de venir aquí, Grinko tuvo las riendas del equipo nacional de remo de Estados Unidos de 1991 al 2000 y previamente había convertido a la ex Unión Soviética en una potencia del deporte con más de 14 oros olímpicos y multiples medallas en torneos mundiales.

Grinko es uno de los favoritos de las autoridades chinas, por sus rigurosos métodos de entrenamiento, y no por gusto su palabra favorita es "sufrimiento''.

"Una plata no significa nada para mí'', suele decir este hombre de acero, y el politburó chino no puede menos que aplaudir.

La lista de coaches foráneos es extensa: Jim Lefebvre (EEUU, béisbol); Jonas Kazlauskas (Lituania, básquetbol masculino); Kim Chang-Back (Corea, hockey); Masayo Imura (Japón, nado sincronizado); Tom Maher (Australia, básquetbol femenino), entre otros entrenadores.

No se trata sólo de los entrenadores que están aquí en los Juegos de Pekín sino los cientos y cientos que viven despergidados por todas las provincias del país, supervisando la selección de talentos y enseñando en las escuelas especializadas.

‘‘Sus métodos y conceptos avanzados han ayudado mucho a los deportistas chinos en estos Juegos'', agregó Cui. La ayuda al deporte chino ha sido inmensa''.

Como promedio, los entrenadores importados perciben un salario que gira alrededor de $90,000 anuales depués de impuestos y tienen pagados gastos como casa, comida y transporte.

Pero no todo es idílico en la relación con las autoridades chinas, que quieren resultados de inmediato a cambio, y el mejor ejemplo de eso es el el checo nacionalizado alemán Joseph Capousek.

Durante 25 años, Capousek elevó el nivel del kayak y la canoa en alemania al punto de lograr 18 oros olímpicos para sus pupilos, algo que los jerarcas del deporte chino creían que él podría repetir para ellos.

Sin embargo, seis semanas antes del inicio de estos juegos fue despedido ante lo que los chinos estimaban como demasiada lentitud de su forma de enseñanza. Poco después, Capousek descubrió que en su contrato se estipulaba la obligatoriedad de lograr una medalla.

Al propio Bauer lo tuvieron en remojo hasta que no tuvo resultados en el torneo panasiático de esgrima.

El francés cuenta que al llegar lo primero que hizo fue darle una semana de descanso a sus atletas, que estaban diezmados de un entrenamiento sin sentido, lo que encolerizó a las autoridades.

Sólo cuando demostró su talento como técnico dejaron de controlarle sus sesiones de práctica.

"Los chinos dejaron de ser ese pueblo paciente, que esperaba por milenios a que las cosas pasaran'', explica un preparador brasileño de voleibol invitado a estos Juegos. ‘‘Ellos quieren resultados ya. Pekín será el termómetro para ver quiénes son los entrenadores que se quedan o se van de vuelta a su país''.



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