Olimpiadas

Pronostican para el cierre un acto de otra galaxia

LA CEREMONIA de calusura promete nuevos actos de 
prestigitación masiva, ilusionismo del más alto grado y 
efectos especiales de última tecnología.
LA CEREMONIA de calusura promete nuevos actos de prestigitación masiva, ilusionismo del más alto grado y efectos especiales de última tecnología. AFP / Getty Images

Ustedes no han visto nada. Así parecen decir las autoridades chinas sobre la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos donde se apagará la llama que ha quemado el cielo de Pekín durante 17 días.

Aunque de nuevo las clavijas del secreto estatal se han reforzado al máximo, se prometen nuevos actos de prestidigitación masiva, ilusionismo del más alto grado, efectos especiales de última tecnología y la participación de algunos de los mejores artistas locales y foráneos.

Aseguran, además, que salvo la repetición de un espectáculo de kung fu con 350 maestros, no se utilizarán ninguno de los otros elementos que engalanaron la inauguración, como el rollo de papel electrónico o la esfera mundial que transportó a los cantantes.

De nuevo estará al timón del evento el laureado director de cine, Zhang Yimou, autor de las escenas del primer día y quien reveló que el clímax de la ceremonia será el apagado del pebetero.

Zhang sabe que su reputación está sobre brasas, luego de que las críticas sobre la ceremonia inaugural aumentaran días después y se descubrieran que ciertos elementos -la niña que dobló, los fuegos artificiales falsos- no correspondían con la realidad.

También han surgido denuncias sobre la manera en que preparó la puesta en escena del espectáculo: 16 horas de práctica bajo un sol inclemente o lluvias torrenciales, participantes obligados a seguir a pesar de lesiones y la deshidratación, viviendo en barracas como si se tratase de un campamento militar.

"Sólo Corea del Norte lo habría hecho mejor'', afirmó Zhang a un diario local, sobre los movimientos donde tomaron parte miles de actores.

Al principio de forma velada y luego más abiertamente, otros miembros de la comunidad intelectual china han mostrado su desacuerdo con la manera en que el cineasta, conocido como el Steven Spielberg local, estructuró el espectáculo inaugural.

Uno de los personajes más críticos del gobierno, Cao Changqing, llegó incluso a denominar la ceremonioa como "una obra de estética fascista'' y comparó a Zhang con la directora alemana Leni Riefenstahl en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

"Estos Juegos pueden ser una repetición infame de aquellos de Berlín durante el régimen fascista'', explicó Cao en una reciente entrevista. "Tantas formaciones con miles de seres humanos me atemorizan. El individualismo y la libertad pueden ser reemplazados nuevamente por el nacionalismo''.

Zhang, quien es visto aquí como un verdadero maestro en su arte, afirma cada vez que puede que "no soy político, sólo me interesa hacer películas'', y hace unos días negó que fuera a asumir un cargo importante en el ministerio de asuntos culturales.

Su propia vida, sin embargo, bien valdría una película.

El padre sirvió como oficial en el ejército del Kuomintang luchando contra los comunistas durante la guerra civil y muchos de sus parientes y amigos huyeron a Taiwán cuando se desmoronó el gobierno de Shian Kai Shek.

Durante la Revolución Cultural la familia estuvo bajo constante vigilancia, el hogar saqueado y su padre clasificado como un "doble contrarrevolucionario. A los 18 años, Zhang fue enviado a un campo de trabajo agrícola y poco después se hizo técnico en un taller de procesamiento de algodón.

Sólo tras la muerte de Mao Tse Tung en 1976 es que Zhang pudo entrar en la única escuela de cine de China y pronto se ganó el respeto de la comunidad artística por realizar filmes atrevidos, casi contestatarios, que bien fueron censurados o pasaron a las salas de proyección sin el beneplácito de los jerarcas.

Luego, sus películas pasaron de tocar temas sociales a ser reflejo del mundo de las artes marciales y de los efectos especiales, sobre todo su aclamada "Héroe'', que fue un éxito de taquilla hasta en los Estados Unidos.

Y ahora, algunos de aquellos que le admiraban dicen que se ha vendido doblemente: a la grandilocuencia de Hollywood con sus temas escapistas, y a la presión del gobierno que no está dispuesto a tolerar más películas difíciles.

Sin duda, la ceremonia de clausura no le traerá ningún problema.



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