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Miami, La Habana, Europa: hoja de ruta

En el proceso de acercamiento con Cuba es clave dar la misma importancia a los avances económicos como a los políticos.
En el proceso de acercamiento con Cuba es clave dar la misma importancia a los avances económicos como a los políticos. The Washington Post

¿Se entienden EEUU y Europa a propósito de Cuba? Hasta hace muy poco no había nada, y nadie quería bailar agarrado; ahora hay dos procesos abiertos, y muchos en la pista bailando salsa. La entente cordiale anunciada por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama en diciembre, ha obligado a espabilarse a la Unión Europea, y más a España, que lidera habitualmente las tomas de posición. Desde 1996, la UE había impuesto una Posición Común –a iniciativa del presidente español Aznar– que en la práctica excluía el diálogo. Aunque los europeos denunciaban el embargo o la Ley Helms Burton, la confianza mutua no se restableció hasta abril de 2014, cuando la UE dio un viraje para abrir un diálogo político y de cooperación.

La noticia ha puesto a Miami en la hoja de ruta europea. En el camino que lleva a La Habana, los europeos habrán de estar muy atentos a lo que pase en “la capital de América Latina”. En especial los españoles, quienes al igual que la diáspora cubanoamericana, tienen asuntos de familia pendientes de resolver con la isla. Pero Europa ha de ser consciente de su papel secundario: el éxito de su re- approachment a Cuba depende en gran medida del éxito o fracaso del affaire norteamericano-cubano, y no al revés.

Miami es ese lugar de transformación que marca tendencias. Por ejemplo, encuestas como la encargada por el Miami Herald tras el anuncio de ambos presidentes, apuntaba a un aumento progresivo de los partidarios del fin del embargo, especialmente entre demócratas, independientes, y sobre todo los jóvenes de otras partes de Estados Unidos fuera de la Florida. Por otro lado, la encuesta FIU-Cuba de comienzos de 2014 mostraba que mientras el 63 por ciento de los cubanoamericanos apoyaban mantener a Cuba en la lista de países terroristas del Departamento de Estado (ya en revisión), sin embargo una mayoría de sus jóvenes (65 por ciento) entre 18 y 29 años lo rechazan. Y esas proporciones favorables al proceso no van si no a aumentar.

¿Cómo se lee esto desde España y Europa? Como cambios lentos pero de mucha profundidad, que, si hay una estrategia por medio y se manejan bien, pueden dar resultados. Los europeos no pueden acudir a esta cita histórica con líneas rojas de antemano o anteojeras ideológicas, porque se frustrarían mucho. Además, el lenguaje y la discreción son extremadamente importantes. Ahora bien, tan malo sería actuar bajo el influjo de viejos fantasmas, como crearse falsas expectativas o ilusiones. Christian Leffler, jefe del Servicio Europeo de Acción Exterior para Latinoamérica, advertía el 5 de marzo, al término de la tercera ronda de negociaciones con la contraparte cubana, de la existencia de distintas “interpretaciones” a la hora de “implementar” los instrumentos de aplicación de derechos humanos. O sea: hay que hacerse a la idea de que no habrá grandes avances inmediatos en derechos políticos y libertades. ¿Es esto aceptable?

Por más que nos pese, la respuesta es que sí, si se entiende que lo que está en juego en Cuba es a un tiempo un proceso de reconciliación nacional y una modernización social y económica –y por tanto una apertura regional y global. Cualquier paso de las autoridades de uno y otro lado debe darse con el doble objetivo de mejorar la vida del pueblo cubano, y de evitar una desestabilización o crisis humanitaria. La posición de partida es óptima: el club de los veintiocho es el segundo socio comercial y el primer inversor extranjero de la isla.

Por eso sería importante concertar una hoja de ruta, y triangular allí donde se pueda. Bruselas y Washington deberían hablar más de ello. Aquí, la clave para un éxito conjunto es la sincronización. En este proceso, tan malo sería ir muy deprisa como muy despacio; tan malo sería focalizar exclusivamente en los avances económicos, como exclusivamente en los políticos. No hay que saltarse ningún paso. Asimismo, es preciso sincronizar la sociedad de dentro, con la de fuera –la diáspora de Miami. Ello exige un cambio en la estrategia de aproximación. Las dos vías ensayadas hasta ahora por españoles y europeos no han funcionado. Una era la vía “oficialista” de contactos con el régimen, con limitaciones obvias. La otra vía era el contacto con unos disidentes que no han contado con un respaldo significativo en la isla, y que a menudo han maniobrado, o bien aisladamente, o bien torpemente, siempre bajo la sospecha de la financiación “subversiva” de Miami (las Damas de Blanco, por ejemplo).

Precisamente la tercera vía que Europa y EEUU deberían poner encima de la mesa negociadora, el núcleo del deal, no son grandes exigencias a priori en libertades y pluralismo político por parte del régimen cubano –pues eso ha de llegar en el proceso negociador– sino tener pleno acceso a la incipiente sociedad civil, tanto la “opositora” como la “no opositora” y la aún “no posicionada”, fortaleciendo sus bases económicas y favoreciendo su movilidad interna y exterior, mientras se va cimentando progresivamente una clase media. España y Europa pueden ayudar a estructurar esa sociedad civil al tiempo que se sientan las bases de una reconciliación, y superar el dilema entre el inmovilismo o el caos.

La buena noticia es que en España –que vive un intenso año electoral– el gobierno y todas las principales fuerzas políticas parlamentarias –Populares, Socialistas– y las fuerzas en ascenso –Podemos, Ciudadanos– coinciden en apoyar la apertura desde un enfoque pragmático. En Europa, países como la República Checa, Polonia, Suecia o Finlandia, van dejando atrás sus reticencias, mientras se confirma el giro de Francia o Alemania. España y Europa pueden resultar útiles también como escenarios de encuentros orientados a la reconciliación y al desarrollo, en un proceso transparente, y con el conocimiento de las autoridades cubanas. Por ejemplo, recientemente, grupos de opositores cubanos se reunían en Madrid en torno a la articulación de un consenso mínimo que incluye movimientos políticos, ley de asociaciones, ley electoral o Cuba 3.0. (Internet).

Miami: no dejen que descarrile la Cumbre de las Américas en Panamá. Esa ruta nos llevaría a Bruselas en junio, cuando la UE se mida de nuevo con Latinoamérica en su II Cumbre con una CELAC donde Cuba está plenamente integrada.

Vicente Palacio es Director adjunto en la Fundación Alternativas (Madrid)

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