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La zarzuela da un cierre festivo a festival veraniego

Con un espectáculo de más de tres horas de ópera y zarzuela cerró el domingo 6 el Miami Summer Music Festival de la Florida International University (FIU).

La primera parte presentó, con la orquesta y el director del festival, Michael Rossi, selecciones de Don Giovanni, de Mozart, y de Carmen, de Bizet, cuyas tramas se desarrollan en España. Algunos de los cantantes aplaudidos en las producciones anteriores de este evento, volvieron a recibir el entusiasmo del público. Vale destacar a Kara Cregin y Grant Braider en La ci darem la mano, y la dulcísima voz de Eunsil Kang en Vedrai carino, de Don Giovanni.

En cuanto a Carmen, formidables Emily Woodruff y Lauren Carter como las gitanas de Melons, coupons. Y muy gustado el quinteto Nous avons in tete une affaire con Nicole Steinberg Elizabeth DiFronzo, Mercedes Lauren Frick, Andrés Peñalver y Keith Schwartz.

Pero por supuesto, la mayor parte del público había ido por la maratónica segunda parte de la noche con 21 números zarzueleros que es imposible detallar. Pero lo que sí no se puede dejar de mencionar es que la mayoría de los cantantes de esa noche cantaban zarzuela y en español por primera vez.

Dos grandes divas locales obtuvieron como siempre los mayores aplausos. Nathalie Avila, por su entrega de La petenera, de Moreno Torroba, cargada de dramatismo, y Marinel Cruz, que cerró la noche con una muy sabrosa “salida” de Cecilia Valdés, de Roig.

Pero por supuesto que no fueron ellas las únicas ovacionadas y aplaudidas. Raquel Lebovitch se atrevió triunfalmente con el Zapateado, de La tempranica, de Giménez, y se ganó los primeros “brava” de la noche. No menos aplaudido fue Peñalver en la conocida romanza No puede ser, de Sorozabal. Afinadísima Laura Estrada en El ruiseñor, de Vives, y sorprendente la dicción y gracia de Carter en De España vengo, de Luna.

Molly Dunn alcanzó vocalmente todo el dramatismo de María la O, de Lecuona, aunque le faltó soltura y expresión corporal. Su dicción fue impecable. Otro momento de gran dramatismo fue el Qué te importa que no venga, de Serrano, a cargo de una formidable Marissa Aimmons. También muy gustados fueron el dúo de Torero quiero ser, de Penella, entre Morgan Griffith y Peñalver y Flor roja, de Guerrero, por Andrés Lasaga.

No se puede dejar de mencionar la labor excelente de los acompañantes, especialmente María Paulina García en el piano y el percusionista Edouard Poliquin-Michaud a cargo de la tumbadora. Ilana Goldstein (que también cantó en el trío Ay mare del alma mía, de Chapí) y Francisco A. Jiménez Cruz, en los violines, Lauren Rodewald en el bajo, Haley Rhodeside y Tyler Hartley en las arpas, William Cedeño Torres y Lily Josefsberg, en las flautas. Solo en Miami puede verse una cornucopia de artistas de tantos países entregados a rescatar la herencia de la zarzuela.

Según me revelara en un aparte Rossi, el año que viene proyecta, junto a las producciones operísticas, presentar una zarzuela completa. Vaya marcando su agenda. • 

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