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Historias de supervivencia en la ‘capital del crimen’ en Centroamérica

Spencer Reece con algunas de las niñas de Nuestras Pequeñas Rosas, un hogar para niñas abandonadas y víctimas de abusos en Honduras fundado por Diana Frade.
Spencer Reece con algunas de las niñas de Nuestras Pequeñas Rosas, un hogar para niñas abandonadas y víctimas de abusos en Honduras fundado por Diana Frade. Especial/ Miami Herald

Aylin está furiosa con su madre.

No es algo raro en las relaciones madre-hija. Las adolescentes muchas veces tienen roces con su madre especialmente a esa edad.

Pero para Aylin, una adolescente hondureña de 18 años que ha vivido casi toda su vida en un hogar sustituto para niñas en San Pedro Sula –una de las ciudades más peligrosas del mundo– esa rabia sigue a flor de piel.

“Cada semana, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo que paso sin mi familia lo siento como un cuchillo tratando de traspasar una piedra.

“Yo soy el cuchillo y la piedra es mi vida”.

Aylin está leyendo uno de los poemas que escribió titulado Counting (Contando) en el documental que se estrena el domingo en el Festival de Cine de Miami, Voices Beyond The Wall: Twelve Love Poems From The Murder Capital of the World (Voces más allá de las paredes: doce poemas desde la capital de los asesinatos del mundo).

El filme, dirigido por Brad Coley y producido por James Franco, cuenta la historia del hogar Our Little Roses (Nuestras Pequeñas Rosas) una escuela y hogar para niñas abandonadas y víctimas de abuso en San Pedro Sula, Honduras, una ciudad conocida por sus fábricas de textiles, violencia de pandillas y barrios donde los niños juegan en aguas putrefactas o buscan comida en los basureros de la ciudad.

Nuestras Pequeñas Rosas fue fundado hace 30 años por Diana Frade, de Kansas, que tenía negocios en Honduras. Cuando vio a estas niñas durmiendo en cartones sobre la acera preguntó: “¿Hay alguien haciendo algo por estas niñas?”

Frade, que vive entre Miami y Honduras, junto a su esposo Leo Frade, cubano retirado y Obispo Episcopal de la diócesis de sureste de Florida, se contestó la pregunta abriendo su hogar para recibir a dos hermanas en 1988. Las niñas habían llegado a ellos a través de un juez que pensó que el mejor lugar para que ellas crecieran era en un hogar con amor y no en las calles de San Pedro Sula.

Durante 29 años estas niñas han sido amadas, alimentadas (física y espiritualmente) y han recibido educación. Lo que comenzó como una clase de preescolar se ha convertido en una escuela elemental, secundaria y superior bilingüe, que graduó a la primera clase en el 2013 (antes de que existiera la escuela superior, las niñas iban a escuelas públicas locales).

Muchas de estas niñas han seguido hacia college y la Universidad. Una de ellas es actualmente dentista e hizo su trabajo de posgrado en cosmética dental; es profesora de la escuela de odontología y lleva una clínica para atender a las niñas del hogar así como a miembros de la comunidad. Otra de ellas está en proceso de recibir un MBA en ingeniería de la Universidad de Wales, y otra más acaba de graduarse de leyes.

“Los éxitos de Nuestras Pequeñas Rosas son un milagro”, explica Frade.

Aquí es donde Spencer Reece aparece por primera vez en el documental. Reece, de 53 años, fue asistente de manager en Brooks Brothers –su último trabajo fue en el Gardens Mall en Palm Beach County. Se le podía ver escribiendo poesía cuando no estaba haciendo nudos de corbata o tomando las medidas para un traje de caballeros. Uno de sus poemas, The Clerk’s Tale, fue publicado en The New Yorker.

Reece dejó el empleo para convertirse en pastor episcopal. Durante su entrenamiento en Berkeley Divinity School en la Universidad de Yale, trabajó como capellán en la sala de emergencias de Hartford Hospital. Una noche llegó un joven con 25 heridas de cuchillo, era una víctima de la guerra entre gangas. Murió al día siguiente. Su madre, oriunda de Puerto Rico, buscó apoyo en Reece. Pero ella solo hablaba español y él solo inglés.

Entonces llamó a su mentor, el obispo Frade, quien había sido obispo en Honduras antes de venir a Miami y le dijo que necesitaba aprender español, de inmediato.

“Tengo el lugar perfecto para ti”, le dijo Frade, y le contó sobre el programa de Nuestras Pequeñas Rosas. Cuando Frade le dijo que el programa era en Honduras, Reece le preguntó “¿Y dónde es eso?”

No tardaría mucho en enterarse. Pasó el verano en el programa en español y, aunque pudo relacionarse un poco con las niñas, no se sentía cómodo. “Yo era la persona menos indicada para estar allí”, dice Reece. “No sabía nada de justicia social. Hablaba muy poco español. Era blanco, privilegiado y del centro de los EEUU. Nada me atraía de Honduras”.

Así fue hasta la noche antes de irse. Cuando iba camino a su habitación a empacar, había una de las niñas frente a la puerta del cuarto. “Le pregunté “¿Qué haces aquí?” Ella me contestó “Nos enteramos que te vas mañana”. Eso me tomó por sorpresa porque pensé que ni se habían dado cuenta de que estaba allí. Me dijo ‘No nos olvides’, “Don’t forget us’.

“Esas tres palabras cambiaron el rumbo de todo. Entré a mi habitación, cerré la puerta y me puse a llorar”.

Reece regresó a Yale a terminar sus estudios, sin dejar de pensar cómo haría para regresar. Solicitó una beca Fulbright proponiendo escribir un libro de poemas sobre Honduras. Llegó a finalista pero no se la ganó.

Volvió a solicitar al año siguiente, después de estar un año entero en España como ganador de la Amy Lowell Poetry Traveling Scholarship, una beca que le permitió tomar un año completo de español.

Esta vez la propuesta que hizo fue que las niñas escribirían los poemas; él sería el profesor y, como asistente, tendría a Richard Blanco, el poeta de Miami que recitó One Today durante la investidura de la segunda presidencia de Barack Obama. Esta vez sí le dieron la beca Fulbright.

El filme documenta el año que estuvo enseñando poesía y el impacto de la poesía en las niñas, según iban arañando capas de dolor, tristeza y abandono en su interior. (Una antología de los poemas Voices Beyond the Wall: Love Poems by the Rescued Girls of Our Little Roses, San Pedro Sula, Honduras será publicada en diciembre y puede ser ordenada a través de Books & Books)

Los poemas, que van apareciendo en el filme, no son fáciles de entender. En uno de ellos Little Red Hot Lips, la autora, Ana Ruth, habla sobre una niña que abandona la seguridad del hogar.

En otro, I Will Be A Happy Girl, Leily, un jovencita tímida con espejuelos, se lamenta de su vida.

Para Coley, el director, los poemas son reflejo de la fortaleza de estas niñas y de la inteligencia emocional que poseen.

“Estas niñas llevan un mensaje de vida, de lo que es importante como seres humanos”, explica. “Han tenido que enfrentar muchos y terribles obstáculos y, sin embargo, han triunfado”.

Para Blanco, el poeta de la investidura, ese es el poder de la poesía.

“Es unir el lenguaje a los sentimientos. Logras otro plano, otro nivel de entendimiento”, dice Blanco. “En el caso de estas niñas, no es solo una experiencia catártica, es llegar a darse cuenta de que son capaces de amar, de estar alegres, capaces de estar orgullosas de ser quienes son”.

Aún cuando el camino sea muy difícil.

Every night I start thinking and talking to God in my prayers: ‘Why, God, why did my family leave me alone?’ dice Aylin.

Al final del poema ella está decidida a encontrar a su madre. No para recriminarla, si no para algo mucho más poderoso: para perdonarla.

When I graduate from college and when I am finally somebody in this world, God, I will go straight to Mexico where my mother lives and I will stare at her like I stare at the stars and with a voice that cracks like thunder I will say: I FORGIVE YOU!

Joan Chrissos es voluntaria cada verano en Our Little Roses junto a un grupo de St. Philip’s Episcopal Church en Coral Gables.

Estreno de “Voices Beyond The Wall: Twelve Love Poems From the Murder Capital of the World” el domingo 5 de marzo a las 3 p.m. en Teatro Tower del Miami Dade College, 1508 SW 8 St., Miami. $13, 2017.miamifilmfestival.com

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