Cine

Leonardo Sbaraglia en "Epitafios": Los monstruos de la pantalla

El actor Leonardo Sbaraglia posa para un retrato en el Amex Insider's Center, durante el Tribeca Film Festival del 2008.
El actor Leonardo Sbaraglia posa para un retrato en el Amex Insider's Center, durante el Tribeca Film Festival del 2008.

Muchas veces los villanos son los personajes que más llaman la atención en la pantalla. ¿Quién puede olvidar al británico Anthony Hopkins como Hannibal Lecter en The Silence of the Lambs (1991), o, más recientemente, al australiano Eric Bana como el antagonista intergaláctico en Star Trek (2009)? Sin ellos, esas producciones no hubieran tenido el impacto o la intensidad que las convirtieron en los blockbusters taquilleros que fueron.

En la segunda temporada de la exitosa serie Epitafios en HBO Latino, el astro argentino Leonardo Sbaraglia interpreta a un asesino. No es un personaje común para el prolífico protagonista de Plata quemada (2000), Intacto (2001), En la ciudad sin límites (2002), Carmen (2003), La puta y la ballena (2004), Oculto (2005), Salvador Puig Antich (2006), El rey de la montaña (2007), Diario de una ninfómana (2008), y Las viudas de los jueves (2009). Algunas de estas cintas han pasado por nuestras pantallas, pero lo cierto es que Sbaraglia tiene pocos rivales entre los galanes iberoamericanos en cuanto a su versatilidad artística.

En el drama policíaco argentino Epitafios, coprotagonizado por Julio Chávez y Cecilia Roth, Sbaraglia tiene el reto de darle vida a un esquizofrénico que vive una suerte de doble vida: el ángel y el demonio en un mismo cuerpo.

``El no está enclaustrado en su casa; él sale a trabajar'', señala Sbaraglia en entrevista con El Nuevo Herald. ``Tiene una vida social relativamente normal, se comunica con otras personas, puede realizar tareas''.

Sin embargo, precisa el actor, esos son sólo aspectos de ``una máscara'' que esconde para el exterior su oscura humanidad.

Como señala Sbaraglia, un aspecto interesante del personaje es que no es una figura antisocial como los villanos estereotípicos. Todo lo contrario; es decir, no es un villano por el mero hecho de que el guión diga que lo es o porque Sbaraglia lo interprete de tal manera.

Uno de los temas pocas veces explorados sobre la ``humanización'' de personajes criminales o nefastos por parte de grandes actores del cine y la televisión, es si ese nivel de realismo que se invierte en, por ejemplo, un villano con tendencias asesinas, pudiera de alguna forma ser percibido como una posible justificación de su criminalidad.

Sbaraglia ofrece un explicación sucinta sobre ese complejo aspecto de interpretaciones realistas que hemos podido observar en el cine desde la adaptación de la novela de Robert Louis Stevenson Dr. Jekyll and Mr Hyde (1931), que le valió a Frederic March un Oscar al Mejor Actor, hasta el coronel nazi Hans Landa, tan meticulosamente interpretado por el austríaco Christoph Waltz en Inglourious Basterds (2009), de Quentin Tarantino, actuación premiada este año en el Festival de Cine de Cannes.

``Ese monstruo en el cual se convierten [los actores] es una construcción'', observa Sbaraglia, y en cuanto a su papel en Epitafios enfatiza, sin divulgar la trama, que la serie explora cómo ciertas personas clave en la vida del personaje contribuyeron --a través de un proceso sistemático que incluía el castigo-- a la creación de esa personalidad deformada.

``Para mí, una buena actuación es algo que te hace imaginar muchas cosas, que te lleva a reflexionar sobre muchos asuntos'', dice sencillamente, y señala a Klaus Maria Brandauer en Mephisto (1981), Al Pacino en The Godfather (1972), Marlon Brandon en On the Waterfront (1954) y Robert De Niro en Taxi Driver (1976) como grandes actuaciones que reflejan una de las cualidades que más admira de su vocación: ``entender profundamente la complejidad, la cabeza de sus personajes''.

En su propia selección de papeles, una de las cosas que trata de evitar es la ``confusión que le puede generar al espectador''.

Sbaraglia ha interpretado papeles de bueno y de malo, de héroes y antihéroes con el mismo nivel de excelencia, y se ríe cuando le preguntan cuáles le son más --o menos-- difíciles porque, para él, todos poseen, como los seres humanos en la vida real, ``su dinámica, su lógica'' que debemos entender.

Lo cierto es que sin los villanos los héroes quizás no fueran tan heroicos. ``Le doy la bienvenida a todos'', asegura. Pero sí tienen que contribuir ``con su moraleja, con su sentido final''.  

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