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Felix and Meira: una historia de amor imposible con broche rosa

Hadas Yaron y Luzer Twesky en ‘Felix and Meira’.
Hadas Yaron y Luzer Twesky en ‘Felix and Meira’. Metafilms

Meira (Hadas Yaron) es una muchacha de la comunidad judía ultraortodoxa en Montreal. Felix (Martin Dubreuil) es un hombre moderno y libre, sin dinero, religión ni ataduras, con un padre ricacho a punto de morir. Nada tienen en común esta esposa y madre con este solterón ateo. Sin embargo, el cineasta canadiense Maxime Giroux, también guionista junto a Alexandre Laferrière, vincula a estos personajes muy curiosamente en una historia de liberación y reivindicación del deseo por encima de las ataduras religiosas y moralistas.

Un amor imposible –que no terminamos de creérnoslo– es el que surge entre los personajes que dan título al drama. El, un hombre sin fe, con un problema de conciencia con su padre; ella, un alma incomprendida empujando el coche de bebé por las calles del barrio, tienen un pequeño encuentro, que podía haber sido menos forzado. Limitado por la falta de fe, el desconocido le pide a la judía del cochecito que espera en una esquina para cruzar la calle que le explique cómo lidiar con una pena. Pero ella también tiene la suya, una existencia llena de prohibiciones y deberes que dicta la práctica ortodoxa. Su tarea es traer al mundo tantos hijos como pueda, mientras está privada de la alegría de otras muchachas de su edad; su pelo va escondido en pañuelo o peluca, no puede usar jeans, escuchar música, bailar o mirar directamente a los ojos de los hombres. Mientras su esposo, de sombrero negro, barba y tirabuzones, solo tiene ojos para su religión, y tiempo para la sinagoga. Y precisamente ahí, en las carencias de Felix y Meira, está lo que los une.

El drama se colorea con matices y toques de humor, con una ratonera en casa que simboliza esta especie de cárcel en que está atrapada Meira, hasta que el ratón cae en la trampa. “El mundo es un lugar cruel”, afirma el marido. Un risueño y raro detalle en medio del taciturno drama es la circunstancial plática de dos hombres –en español– comentando acerca de lo terriblemente mal que baila el protagonista.

Los ingredientes para un tremendo drama están sobre el tapete, pero a este amor imposible le falta osadía. Necesita más leña el fuego de las pasiones, con un tercer personaje de este triángulo, el esposo rabino (Luzer Twesky), que resulta muy flojo, en contraste con su intolerancia férrea hacia los más pequeños placeres. El filme no va más allá del planteamiento de un dilema: si una judía ortodoxa abandona a su esposo, deberá alejarse también de su comunidad jasídica y, lo que es más triste, de sus hijos. El final es un broche rosa decepcionante, que desaprovecha un conflicto tan peliagudo. • 

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