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The D Train: Black y Marsden en pareja muy dispareja

El impopular Dan Landsman (Jack Black/Bernie) se ha nombrado a sí mismo presidente del comité de ex alumnos del instituto Pittsburgh, del curso 1994. Han pasado 20 años y hoy el pequeño grupo de egresados pretende reunirlos a todos. Los intentos telefónicos resultan bastante fallidos, pero el gordito y “arrogante” Dan necesita demostrar que es más listo que sus compañeros: si logra traer al tipo más popular del curso, todos se animarán a venir, y él, que nadie lo soporta, se ganará la admiración de sus patéticos colegas.

Sin importar los líos en que se meterá, Dan idea un desatinado plan para viajar a LA en busca de Oliver (James Marsden), que hoy es, a los ojos del menospreciado Dan, el arquetipo del hombre exitoso: es el tipo de Banana Boat, salvavidas de un spot publicitario. Inventa –ante su mujer (Kathryn Hahn)–, un falso viaje de negocios que involucra también al jefe, un viejo chapado a la antigua, que se ha quedado atrasado en los adelantos de la tecnología digital. Pero la obsesión por traer al chico más cool del instituto, se complica y se le va de las manos a “D”, que es todo lo contrario a su ídolo, quien sí tiene el descaro suficiente para controlar cualquier contingencia.

Lo que ocurre en LA, como en Las Vegas, debería quedarse allá, y sin embargo, llega hasta los salones del instituto Pittsburgh y hace estallar la crisis del personaje. El rol de una figura secundaria, el ingenuo hijo de Dan (Russell Posner), de 14 años, es una línea feliz que matiza el dramón familiar en que esta cinta se convierte. Jeffrey Tambor como el jefe y Mike White como un ex alumno, brillan con sus magníficos desempeños.

La comedia de dos directores, Jarrad Paul y Andrew Mogel, es oscuramente provocadora y en conjunto muy agradable, sin pedir mucho más. El tono excéntrico se lo pone la improbable pareja que forman un héroe y un antihéroe, con un atrevido giro que pone todo de cabeza a mitad de la trama. Detrás, en la vida real, hay un actor, Marsden, que luce sus atractivos de galán, pero el que tiene la gracia y la fibra histriónica para conquistarnos es Jack Black. • 

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