Cine

The Maze Runner: resignarse o imponerse

Dylan O'Brien y Kaya Scodelario en ‘The Maze Runner’, dirigida por Wes Ball.
Dylan O'Brien y Kaya Scodelario en ‘The Maze Runner’, dirigida por Wes Ball. AP/20th Century Fox,

Las sagas de ciencia ficción y mundos posapocalípticos son la última moda del cine comercial y vienen con mucha expectativa: sus argumentos ya han pasado una primera prueba de fuego en la literatura, y han conquistado a un público juvenil seguidor de este subgénero de cine fantástico. The Hunger Games; Divergent; The Giver, todos provienen de obras literarias y así The Maze Runner, basado en una de las novelas de James Dashner.

La cinta lleva una historia bastante original –a pesar de sus guiños a otros filmes similares–, desde el punto de vista espacial, porque aquí no hay ciudades futuristas y muy pocos interiores; tiene lugar a pleno aire libre, en el claro de un bosque rodeado de muros monumentales, que se entreabren y cierran diariamente –para tentar a los más arriesgados, los llamados “corredores”–, hacia un complejísimo y mortal laberinto donde acechan horribles criaturas.

La historia, que en español adopta el nombre de Correr o morir, reúne a un grupo de adolescentes, hombres todos (encarnados por Dylan O’Brien, Thomas Sangster, Will Poulter, Blake Cooper y otros) con la excepción de una única muchacha (Kaya Scodelario)– que no tienen la menor idea de qué hacen en lo que llaman “el área”. Desconocen la razón por la cual han llegado en un extraño elevador que mensualmente trae un nuevo “novato” a este lugar. Quiénes los han enviado y qué identidad tenían los jóvenes antes de llegar a esta enorme cárcel campestre son las grandes incógnitas. Les han borrado la memoria totalmente, un poco como en The Giver; y está claro que son víctimas de un juego macabro, como en The Hunger Games. Salvo sus nombres, nada saben, tampoco el espectador, así es que la intriga es compartida. Lo más curioso es que al concluir el filme aún seguimos –ellos y nosotros– sin saber a ciencia cierta qué está pasando.

El filme nos deja un poco en ascuas pero promete más, en la próxima entrega, donde las víctimas seguirán sufriendo peligrosas pruebas. Aunque no resuelve muchos acertijos de su historia, la ópera prima de Wes Ball tiene el acierto de mantener una creciente expectativa a lo largo de la trama, que ya es mucho. Y es interesante la idea que señorea en esta lucha humana por la sobrevivencia, en la que se establecen dos grupos: los que se resignan a seguir atrapados entre cuatro paredes y los que se imponen a este fatal destino y corren a piernas sueltas. • 

  Comentarios