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The Hunger Games: Mockingjay, Part 1: sombría y depresiva

Philip Seymour Hoffman y Julianne Moore en ‘The Hunger Games: Mockingjay Part 1’, que lleva tres semanas como la más taquillera.
Philip Seymour Hoffman y Julianne Moore en ‘The Hunger Games: Mockingjay Part 1’, que lleva tres semanas como la más taquillera. AP/Lionsgate

Habría que ver los filmes anteriores de la saga de Los juegos del hambre para entender mejor de qué trata este espectáculo futurista basado en los libros de Suzanne Collins. Continúa Francis Lawrence al frente del equipo, y aquí se entra de lleno en la lucha contra un Capitolio que simboliza a las dictaduras de la historia humana: la sociedad dividida en distritos –o lo que queda de ella– debe abastecer con su trabajo a la élite gobernante, a cambio de esclavitud y represión.

Jennifer Lawrence (Katniss) lidera esta aventura que adopta un tono oscuro, apesadumbrado y depresivo. El distrito 13 está destruido, Peeta (Josh Hutcherson) encerrado en el Capitolio, tal vez ha sido despojado de su capacidad de pensar por sí mismo. La idea es poner a la valiente Katniss al frente de la línea de combate ideológico, ella es Sinsajo –ficticio híbrido de aves creado por la imaginación de Collins– “rostro de la revolución” y símbolo de la resistencia del búnker subterráneo, con su jefa de pelo platinado (Julianne Moore) y su fiel Plutarch, el finado actor Philip Seymour Hoffman, a quien el filme está dedicado.

Donald Sutherland en el papel de Snow es el amo y señor de Panem, a quien afeita un súbdito mientras la mujer bautiza a los disidentes de radicales, en una de sus pocas apariciones. Ahí está también un desaprovechado Woody Harrelson. Liam Hemsworth vuelve a ser Gale, y continúa de plato de segunda mesa para Katniss. El filme lo apuesta todo a su heroína de las flechas, la actriz de Silver Linings Playbook sigue dando lo mejor de sí, y la cámara ama su rostro acongojado.

La nueva de Lionsgate Films ha perdido el tono extravagante. Panem ya no da “pan y circo”, ya no hay juegos sino un grupo de amotinados revelándose contra un Capitolio por el que el filme no se toma el trabajo de pasearnos. El rescate de Peeta se resuelve con un par de imágenes fugaces, una misión tan ultrasecreta que ni al espectador es revelada, ahorrándonos lo que debió haber sido el gran clímax dramático.

Este Sinsajo vuela alto en algunos momentos, como el muy lírico de la canción que Katniss canta a capela y deviene en vibrante coro de voces rebeldes, pero hablando de rebelión le falta energía, coronado con un final patético que sabe más a derrota que a triunfo. • 

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