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The Tale of The Princess Kaguya: la niña que salió del bambú

Escena del dibujo animado ‘The Tale of The Princess Kaguya’, dirigido por Isao Takahata.
Escena del dibujo animado ‘The Tale of The Princess Kaguya’, dirigido por Isao Takahata. Studio Ghibli

La triste fábula de la princesa Kaguya proviene de un anónimo cuento japonés del siglo IX, El cortador de bambú, que el cineasta Isao Takahata (Grave of the Fireflies) recrea en un animado producido por el estudio Ghibli. La fantasía ancestral se colma de elegancia visual en este filme que irrumpe con sus extraordinarios paisajes naturales y los gráciles movimientos del bebé que encabeza su historia. La paleta de colores pasteles, las suaves acuarelas, los contornos a fino carbón le dan una exquisita dimensión de obra de arte que da gusto a los ojos.

Una asombrosa niña diminuta aparece en una planta de bambú y es recogida por un matrimonio de ancianos que la aman y veneran como a una princesa. En su casa del bosque se convierte mágicamente en bebé, y conoce a los niños de la vecindad y al joven Sutemaru. Pero la extraña niña crece tan rápido que pronto alcanzará la edad de su fiel amigo mayor. La fábula recorre etapas de la niñez y adolescencia de la princesa, con escenas campestres muy frescas y sensibles. Su vida cambiará cuando su padre adoptivo descubre un tesoro del mismo modo milagroso que encontró a la niña.

En su nueva mansión en la capital la princesa adopta el nombre de Kaguya, que quiere decir “luz brillante”; vive colmada de riquezas pero no es feliz. Aquí no hay flores, ni pájaros, ni ríos, ni bosques. La pretenden varios nobles y el emperador, pero la princesa prefiere las flores a las joyas, y ya hay alguien que llena su corazón. En contraste a los rasgos suaves de los primeros años en la aldea, el dibujo se hace súbitamente violento, expresionista, estalla el carboncillo cuando ella se va huyendo en un sueño angustioso. Los ritos y tradiciones japonesas, los ambientes, vestuarios, samuráis y personajes típicos llenan de pintoresco color la añeja historia.

Una princesa infeliz cual pájaro enjaulado en su mansión llena la segunda y larga mitad de la trama, con un momento inspirador del baile de ella bajo un árbol florido. El filme se convierte en un melodrama épico que asombra por su gran lirismo, tiene la hermosa música de Joe Hisaishi y un ritmo narrativo pausado que invita a contemplarlo con detenimiento. • 

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