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Annie, lo mejor es cuando cantan

Quvenzhane Wallis en una escena de ‘Annie’, dirigida por Will Gluck.
Quvenzhane Wallis en una escena de ‘Annie’, dirigida por Will Gluck. AP/Columbia Pictures

Annie está en Oliver Twist, La princesita y tantas fábulas de niños huérfanos, con bribones o malvados aprovechados de su inocencia. La historia, la original, tiene ese encanto de drama infantil que transita por un mar de penas y dificultades hasta un happy ending en el que los sueños de la niña que canta The Sun Will Come Out Tomorrow se hacen realidad.

Detrás del musical que dirige Will Gluck y tiene de productores a Will Smith y Jay-Z, hay un racimo de adaptaciones que parten de la tira cómica de 1924, Little Orphan Annie. Antes estuvo la Annie de Disney en 1999, siguiendo al filme homónimo de John Huston en 1982, que a su vez tuvo de antecedente el clásico musical de Broadway, de 1977.

Al frente del reparto está la pequeña actriz Qvenzhanè Wallis, que encantó a los académicos de Hollywood y logró una nominación por Beasts of the Southern Wild. Por primera vez Annie es de raza afroamericana, criterio con el que también fue escogido al “Daddy” millonario de la historia (Jamie Foxx). La niña sin filiación paternal habita junto a otras huérfanas el domicilio de una mujer alcohólica, Miss Hannigan (Cameron Díaz). Esta es la mala de la película, caricaturizado personaje que odia a sus recogidas con saña de madrastra de Cenicienta. Luego hay otra línea paralela, la del financiero candidato a la alcaldía que fabrica su imagen pública con la huerfanita y su perro callejero Sandy.

Una niña de 10 años que no sabe leer y, sin embargo, asiste a la escuela, es de las inconsistencias del guión, con esta Annie adaptada a la Nueva York actual. Luego es muy improbable la bondad de último momento por parte de personajes muy desamorados y apegados en esta versión al vil metal como para interesarse por una niña abandonada. Esto es un musical y la dramaturgia se ha desestimado en pos de sus bellas canciones, que vienen de la producción original de Broadway. De tal manera que preferimos a los protagonistas cuando se ponen a cantar, y la asombrosa gracia y soltura de Wallis, la niña que nació para pasearse por los platós. • 

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