Cine

Foxcatcher, siniestro drama psicológico

Steve Carell y Mark Ruffalo en ‘Foxcatcher’, dirigido por Bennett Miller.
Steve Carell y Mark Ruffalo en ‘Foxcatcher’, dirigido por Bennett Miller. AP/Sony Pictures Classics

Resulta curioso ver a Steve Carell y Channing Tatum, dos rostros de comedia, en un filme tan serio, terrible y sombrío. Pero nada hay mejor que lo que ha logrado aquí el reportero resucitado de Anchorman 2. Su personaje de ricachón psicótico y absolutamente siniestro lo lleva hacia la más delirante y perfecta caracterización.

Por su parte, Tatum descubre un lado serio y contenido, insospechado tras su perfil de fortachón travieso. El solemne respeto que le provoca su antagonista mezclado con un solapado desprecio le brota en las miradas, en cada pequeña contracción del rostro. Lástima que su personaje no es suficientemente rico en matices dramáticos.

Bennett Miller (Capote) construye un drama brillante, intensamente psicológico, sobre hechos reales de los años 1980 que el campeón de lucha libre Mark Schultz contó en su memorias, vivencias marcadas por un atroz evento que incorpora el filme en su fulminante final.

Tatum es Mark, medallista olímpico, como su hermano mayor Dave (Mark Ruffalo). Pero aquel es el escogido para formar parte de un equipo de élite, un capricho con visos de obsesión fácilmente alcanzable para el hombre muy rico que es John duPont. El multimillonario y deportista amateur invita al joven, luego a su hermano Dave como coach, a su palacete en medio del campo, con gimnasio y establo de caballos que en otros tiempos fueron el pasatiempo de su señora madre (Vanessa Redgrave). Pero los nuevos “caballos” son el llamado Team Foxcatcher, un grupo de luchadores que, junto a su favorito Mark, DuPont tiene el propósito de entrenar para los próximos Juegos de Seúl. Poco a poco va emergiendo la enfermiza personalidad de este hombre que ejerce sobre los otros un dominio estremecedor.

Un recurso que apoya la idea de introspección psicológica es el silencioso tono que domina el filme. A pesar de su aplastante tensión, la música es muy tenue, acompañando a los personajes desde una discreta distancia sin interferir en el drama; tampoco hay efectos, los diálogos son breves y justos. La edición sigue el patrón de sutileza, sin hacerse notar nos desliza con fluidez sobre las aguas turbulentas de la narración. Pero la tremenda potencia que emana del filme está en el desempeño de su trío de personajes, en especial Carell, transfigurado en el héroe patético y terrible por el que será por mucho tiempo recordado. • 

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