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La fuerza está con Oscar Isaac

Oscar Isaac en ‘Star Wars: Episode VII – The Force Awakens’se aparta de sus roles tradicionales.
Oscar Isaac en ‘Star Wars: Episode VII – The Force Awakens’se aparta de sus roles tradicionales. LUCASFILM

Oscar Isaac tenía 5 años de edad cuando su padre lo llevó a ver El regreso del Jedi (Return of the Jedi) Es la primera película que recuerda haber visto en una sala de cine. “Quizás ya había visto Bambi o algo en casa, pero Jedi fue la primera que se me quedó prendida”, dice. “Lo que más me impresionó es el momento en que sale el casco de Darth Vader y puedes ver la fragilidad de la persona que hay debajo, ¡Era solo una persona! ¡Esta persona triste! Esa escena apeló a esa parte de mí que veía a mis padres como dioses. Fue el momento en que empecé a darme cuenta de que en realidad eran solo personas”.

Con La guerra de las galaxias: Episodio VII - El despertar de la Fuerza (Star Wars: Episode VII - The Force Awakens), Isaac ayudará a traer la misma experiencia a una nueva generación de amantes del cine –y les dará a los de más edad la oportunidad para volver a visitar su juventud. En la cinta, que ocurre aproximadamente 20 años después de El regreso del Jedi, Isaac interpreta a Poe Cameron, un personaje vanidoso, con reputación de ser el mejor piloto en la galaxia. El vuela un caza interestelar (starfighter) con alas en forma de X; usa el mismo conjunto anaranjado y blanco que los soldados de la Alianza Rebelde vistieron en filmes anteriores y es uno de los buenos –un miembro de la Resistencia, la encarnación de la próxima generación de los rebeldes.

Por contrato, Isaac estuvo obligado a mantener el argumento en secreto: en su último día de filmación, mientras salía del escenario con su copia personal del guion como un recuerdo, un abogado de Lucasfilm lo llamó y le pidió que lo devolviera de inmediato (podrá recuperarlo cuando comience a exhibirse el filme). ¿Por qué un actor serio que se ha probado en cintas como Inside Llewyn Davis y A Most Violent Year y la miniserie de HBO Show Me a Hero desea firmar con la mayor y más comercial franquicia de todos los tiempos? La guerra de las galaxias es conocida por muchas cosas, pero las grandes actuaciones no es una de ellas.

Durante una visita a Miami para promover la cinta, Isaac, de 36 años, sonríe, asiente con su cabeza y concede el punto, aunque también recuerda que Alec Guinness y James Earl Jones fueron dos talentos formidables que no tuvieron problemas en firmar para la fantasía de ciencia ficción pop de Lucas.

Incluso así, una película tan descomunal como El despertar de la Fuerza no va a darle a Isaac la oportunidad de entregar el tipo de actuación íntima, de finas capas, que se ha convertido en su sello en películas y el teatro. El sabía eso al aceptar el papel –y admite que se debatió un poco por esa razón.

“La parte divertida de actuar es estudiarme, encontrar aspectos muy diferentes de mí mismo y ampliarlos a través de un personaje”, dice Isaac. “Con La guerra de las galaxias es un poco diferente. Trabajas con colores primarios opuestos a toda una paleta. Hay música popular y entonces hay música que es un poco más discordante. Tiendo a ir por lo más experimental que puede hacer a las personas decir ‘¿Cómo?’ por un momento. Estoy menos interesado en hacer aquello que es totalmente aceptable de inmediato. Trato de hacer cosas que no sean necesariamente las más queridas, incluso elecciones dentro de una escena que [el director] J.J. Abrams había visto en Inside Llewyn Davis y Ex Machina, y a pesar de eso –o debido a eso– él deseaba que yo agregara algo de esto. Le dije que necesitaba pensar un poco sobre ello. No estaba seguro de que fuera algo adecuado para mí. Quizás, mejor podía ser un espectador contento por ver la cinta en vez de formar parte de ella”.

Eventualmente, agrega, el guion evolucionó y el personaje de Poe cambió lo suficiente como para intrigarlo.

“Me llevó al desafío de interpretar con este conjunto de herramientas un poco más específicas. Y debido a que La guerra de las galaxias fue una parte tan grande del crecimiento de mi vida, era difícil negarse. Por lo que dije, ‘Sí, lo haré’. Confié por completo en J.J. Y lo que él hizo con la cinta es sorprendente. Está más cerca del lenguaje sinfónico que del cinematográfico. Hay movimientos, ritmos, crecendos y pianissimos. Yo soy sólo el oboe que se eleva por encima de todo un momento aquí y otro allá. J.J. fue el director que decía: ‘Este es el sonido y el instrumento que necesito para esta parte de la música’.

“Y para ser honesto, no se consiguió por completo hasta que vi la película. En el escenario, estaba como si hubiera dejado de nuevo la escuela, cuestionándome y un poco cohibido. Me sentía que gritaba mis diálogos todo el tiempo, Pero cuando lo vi, pensé. “Esta bien. Ahora me doy cuenta’ ”.

Cuando Miami era su casa

Isaac es hijo de una guatemalteca, María Hernández, y un cubano, Oscar Gonzalo Hernández. Nació en Guatemala y se mudó con su familia a Baltimore, después a Nueva Orleans y, finalmente, a Miami cuando estaba en segundo grado. La familia vivió en Country Walk e Isaac asistió a la Westminster Christian School hasta que lo expulsaron por hacer bromas pesadas, como regar con un extinguidor de incendios en el gimnasio. Se le transfirió a una secundaria más estricta, donde no se permitía la música ni el baile (”Allí era como Footloose”, recuerda).

Isaac, quien se quitó el apellido cuando decidió que quería ser actor (Isaac es su segundo nombre) describe su adolescencia como típica de la crianza en Miami por un padre que era “un súper cubano derechista de Miami” al que también le gustaba Bob Dylan, Cat Stevens y Jimi Hendrix. Aunque su inglés es perfecto, Isaac es propenso a usar la jerga cubana y visita frecuentemente la ciudad para ver a su familia, que aún vive aquí.

Después que el huracán Andrew destruyó su casa, la familia se mudó a Delray Beach, donde Isaac se graduó en una secundaria pública. Regresó a Kendall y comenzó a asistir al Miami Dade College. Ya había decidido que deseaba ser actor, y alternaba entre actuar en producciones locales y estar al frente de la banda ska-punk The Blinking Underdogs, que tuvo gran seguimiento local.

Isaac admite que no sabe de dónde viene su tendencia innata a expresarse artísticamente, pero la ha llevado toda su vida.

“Recuerdo estar en el kindergarten y simular que había sido golpeado por un bravucón, lo mismo que pasa en The Karate Kid”, dice. “Incluso cuando el otro niño no hacía nada, yo decía ‘¡Augh!’ Y caía, cerraba los ojos y simulaba que había visto al Sr. Miyagi que venía a salvarme. A esa edad ya imaginaba cosas y hacía muchas actuaciones. No sé por qué sucedía eso”.

“Quizás era algo genético. Pero desde el mismo comienzo había este sentido de observar y luego tratar de expresar esas experiencias. Para mí, como actor, es fundamental lo que pensaba Platón: ‘Conócete a ti mismo’. La obra es simplemente el fruto de esa investigación”.

Después de graduarse de secundaria, se estableció una meta diaria: lo que describe como “hacer dos cosas que alejen las cadenas”. Eso podría ser desde leer una obra de teatro a filmar un nuevo primer plano o llamar a un director de reparto para ver una película –algo que lo hiciera sentir que se mejoraba a sí mismo constantemente.

Un talento natural

Durante ese período asistió a la presentación de la obra Oleanna, de David Mamet, en el teatro Area Stage, en su antigua sede en Lincoln Road. Después del programa, se quedaba en el vestidor y conversaba con John Rodaz, el fundador y director artístico del teatro, y comenzó una amistad de toda la vida.

“Oscar tenía una habilidad natural desde el comienzo”, dice Rodaz. “Tenía gran magnetismo y presencia en el escenario”.

Eso es algo con lo que se nace. Pero también le gustaba conversar sobre la historia del teatro y el proceso de la actuación. Eso es lo que nos unió. Estaba interesado en aprender y crecer. Lo preguntaba todo. Muy raramente te encuentras personas así. Muchos actores se encierran en el glamour y se olvidan de que se necesita establecer unos cimientos para luego crecer”.

Después de interpretar varias obras en Area Stage, Isaac obtuvo papeles en las producciones de Joseph Adler This is Our Youth y Side Man, ambas exhibidas en GableStage en el 2000.

“Lo primero que notabas en él era su talento en bruto”, recuerda Adler. “Pero también estaba la seriedad con que enfocaba su oficio –su disciplina y profesionalismo”.

“Combinen eso con su increíble inteligencia y es indetenible. También era muy ingenioso. Tenía una forma de decir las cosas que sabía que me enloquecían. Siempre he sido un ardiente demócrata liberal, y él también. Pero decía intencionalmente cosas sobre la situación cubana u otros tópicos que él sabía que me enojaban. Tiene un gran sentido del humor”.

Rodaz, quien es una de las personas que aconsejó en el 2001 a Isaac que se inscribiera en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York (donde encontró un agente y despegó su carrera) dice que ese sentido del humor persiste.

“Un día recibí un texto de él que decía: ‘Me dieron un papel en Guerras Estrellas’ ”, dice Rodaz. “Le pregunté: ‘¿De qué hablas?’ El siguió ‘Star Wars’. Les respondí: “Mi....! ¿A quién interpretas?’ Y él me respondió: ‘No te lo puedo decir’ ”.

Isaac se ríe con gusto cuando le recuerdan esa historia, una anécdota de su traviesa adolescencia. Se tiene la sensación de que este actor taciturno e imponente aún tiene muchas facetas por revelar. Después de El despertar de la fuerza, Isaac estará en otra película de entretenimiento de gran presupuesto, X-Men Apocalypse, el próximo verano, donde interpreta al villano y comparte cartel con Jennifer Lawrence, Michael Fassbender y James McAvoy . “Eso es como interpretar teatro kabuki a gran escala”, dice de su primera película sobre una historieta.

Después de otra semana en Estados Unidos para presentaciones a la prensa de La guerra de las galaxias, volará de regreso a Londres donde filma actualmente The Promise, un drama de época en que comparte actuaciones con Christian Bale y Charlotte Le Bon. A punto de terminar la entrevista, mira por la ventana de una suite en el hotel Mandarin Oriental desde donde se ve el downtown de Miami.

“Siempre me sentí aquí un poco como un pez fuera del agua”, dice al contemplar la ciudad. “Tan pronto como llegué a Nueva York me sentí bien, me sentí como si estuviera en casa. Pero me gusta regresar aquí. Mi familia está aquí. Estoy lleno de la locura de la ciudad. Me encontraba en el Design District y me sentí algo más libre. Algo de la rigidez cultural se había ido”.

“¿Ha cambiado la ciudad? ¿Ha crecido mucho?”, se vuelve para preguntar.

Sí, lo ha hecho. Pero también Isaac.

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