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CRÍTICA DE CINE: ‘Deadpool’, el ‘metahumor’ de Marvel

Una entidad singularmente popular en el universo de los comics de Marvel ha sido Deadpool. El protagonista es un ocurrente asesino a sueldo que ha sufrido suficiente tormento como para haber llegado a un nivel de locura y conciencia muy altos, incluso para saber que él mismo es un personaje metido en un filme de superhéroes. Y este, de Tim Miller, tiene su personalidad propia a la máxima potencia.

Ryan Reynolds interpreta a Wade W. Wilson convertido en Deadpool, el mercenario canadiense con acelerada capacidad de curación y, con ese don, anti destructivo. Convertido en antihéroe, nunca cierra la boca el Bocazas, soltando su retahíla de chistes negros mientras decapita gente por dinero. Y es que no estamos ante la típica película de Avengers. La alta cuota de violencia, palabrotas, bromas sexuales subidas de tono y el gore que ensombrece el filme sólo podía ser justificado por su factor de interés principal: el meta humor, la auto parodia. Se trata de un superhombre cuyo segundo poder es su gracia extrema de bufón perverso, y esta característica se usa aquí muy a su favor.

Wilson-Deadpool a menudo rompe la cuarta pared para hablar directamente a la audiencia y criticar a sus propios hacedores o burlarse de la obra en general, aunque al mordaz bromista nadie lo toma en serio. No es un filme para los pusilánimes, tampoco para niños, siendo Deadpool famoso en su formato de comics por su humor adulto y lenguaje vulgar, que roza – a toda conciencia- el más ramplón mal gusto. La cinta va tan lejos de ser una entrega más del universo de superhéroes, que termina chapoteando en un género que nadie se esperaba: el de una comedia romántica. Y para los fans que quedarán sentados en espera de su secuencia regalo de post-créditos, tiene también el debutante Miller su porción de humor muy “deadpooliano”.

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