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Song One: Anne Hathaway y Johnny Flynn enamorados en drama musical

Anne Hathaway en ‘Song One’, dirigida por Kate Barker-Froyland.
Anne Hathaway en ‘Song One’, dirigida por Kate Barker-Froyland. The Film Arcade/TNS

Franny encuentra el amor en circunstancias duras. Su hermano Henry, un joven músico amateur que toca la guitarra y canta en el metro de Brooklyn, ha sufrido un accidente y queda en estado comatoso. Ella, estudiante de antropología que lleva buen tiempo alejada de la casa familiar, intenta recuperar de alguna manera la relación rota con su hermano e internarse en su mundo a través de sus canciones, su diario y objetos personales. Así, descubre un ticket para el concierto de un músico llamado James Forester, cuyos pósters presiden la pared de su habitación.

Una relación entre esta muchacha y el ídolo de su hermano, permeada por la tragedia familiar que ella atraviesa, surge de la manera más sincera y espontánea. Entre canciones –de las que los compositores Johnathan Rice y Jenny Lewis engalanan la banda sonora–, trozos de letras que ambos improvisan sentados frente al río, las actuaciones de jóvenes músicos indie en los locales nocturnos de Brooklyn y las visitas de Forester al hospital, se aviva el amor. La música es la savia que nutre y reconforta a los personajes e incluso son los sonidos los únicos que pudieran hacer despertar a Henry.

Anne Hathaway aborda el papel con honda fibra expresiva, llevando la “procesión” de su personaje por dentro, mientras su coprotagonista desborda encanto como el joven tímido, sensible y talentoso que Franny no puede dejar de amar. En la piel de Forester se pone otro músico y poeta, el inglés Johnny Flynn, y es difícil deslindar personaje y cantautor. Completan el reparto una actriz muy emocional, la ganadora de Oscar Mary Steenburgen, como la madre de Franny, y Ben Rosenfield (de la serie Boardwalk Empire) en el papel de Henry. Pero lo mejor es la atractiva combinación que logran la actriz de Les Misérables y el líder del grupo folk Johnny Flynn And The Sussex Wit.

Kate Barker-Froyland, debutante en el largometraje, dirige y escribe esta cinta de dolor y amor, en la que en su fórmula romántica entretejida de tragedia se aprecia –y agradece– el buen gusto de ahondar en las emociones de forma sencilla y natural, sin caer en el melodrama lacrimoso o manipular las fibras sensibles del espectador. • 

pilayuso@yahoo.com

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