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American Sniper: la trágica historia de un héroe de guerra

Kyle Gallner y Bradley Cooper en ‘American Sniper’, dirigido por Clint Eastwood.
Kyle Gallner y Bradley Cooper en ‘American Sniper’, dirigido por Clint Eastwood. AP/Warner Bros. Pictures

El niño Chris se crió cazando –daba al blanco con notable don– y escuchando las enseñanzas del padre: “Hay tres tipos de hombres: la oveja, el lobo y el perro pastor. Quiero que seas el perro pastor, el que enfrenta al lobo y protege a los suyos”.

American Sniper, escrita por Jason Hall, cuenta la historia de Chris Kyle, soldado que escribió sus memorias en American Sniper: The Autobiography of the Most Lethal Sniper in U.S. Military History. Clint Eastwood, en la dirección, tiene excelente ojo para escoger buenas historias.

Los académicos de Hollywood aman los temas bélicos y patrióticos y le dieron al filme una nominación. La historia, con el corte de una mejor, The Hurt Locker –que ganó seis estatuillas en 2010–, un actor de la talla de Bradley Cooper (nominado a los Oscar 2015) y gran potencia dramática, nació con el éxito garantizado.

Kyle se gradúa en los Navy SEALs, y se va a la guerra a cazar lobos y a proteger a sus compañeros marines. Desde las azoteas de los edificios de una caótica ciudad iraquí, vive la enorme dureza de la contienda bélica, la adrenalina de los momentos de peligro, la importancia de actuar sin titubear. Una delgada línea entre la vida y la muerte es el camino de Chris, quien tiene que decidir si apretar o no el gatillo ante un niño iraquí con un proyectil, a punto de provocar una matanza. Kyle es el mejor francotirador de la brigada; se convierte en una leyenda, cuando en sus viajes a la zona de guerra acumula más de 160 muertes. La idea de situar a un rival francotirador del bando contrario muy poderoso también con el gatillo, personaliza la hostilidad. Una brillante secuencia de acción es la escaramuza en medio de una tormenta de arena donde el espectador no puede ver claramente lo que está ocurriendo, pero siente el impacto de las balas y el tremendo dramatismo del momento.

Intermitentemente, la historia coge un respiro, y un tono rayando en el melodrama, en los viajes de descanso de Kyle en su casa de Estados Unidos, junto a sus niños y esposa (Sienna Miller). Ella ofrece un parlamento interesante en el que duda de la real utilidad de tanto sacrificio. Lo mejor está a miles de kilómetros de allí, donde el francotirador regresa –una y otra vez– a jugarse la vida.

La adaptación de estos guerreros a la normalidad familiar se hace difícil, es la moraleja que también reinaba en The Hurt Locker. La vida no vuelve a ser igual para un soldado que ha convivido tan estrechamente con la muerte. Lástima que lo más inesperado –y absurdo– de la biografía de Kyle termine en un breve letrero de créditos finales. • 

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