Cine

Cake, dramática transformación de Jennifer Aniston

Jennifer Aniston y Sam Worthington en ‘Cake’, dirigida por Daniel Barnz.
Jennifer Aniston y Sam Worthington en ‘Cake’, dirigida por Daniel Barnz. AP/Cinelou Films

Tal vez esta cinta tan amarga y con nombre de dulce sea lo mejor que Jennifer Aniston haya interpretado hasta hoy, lástima que la calidad del rollo no la acompañe. Sin embargo, la famosa rubia de Friends sí que no ha pasado inadvertida con su nominación a los Globos de Oro, aunque quedó fuera de la contienda de los Oscar, y suponemos que a la actriz, que se ha llenado de roles románticos de poco calado dramático, podría llegarle la hora de Matthew McConaughey y otros actores que demuestran su valía cuando les toca a la puerta un buen papel.

La cinta es deprimente como su protagonista Claire. Aniston, con dramática transformación física, se quita maquillajes y poses bonitas para encarnar honestamente a una mujer llena de cicatrices, golpeada por la vida en cuerpo y alma. Ella está amargada, es malhablada, dura; carga con un dolor crónico y un cuerpo aletargado por antidepresivos. Claire ve fantasmas, para rematar. Pero las apariciones de Nina (Anna Kendrick), una suicidada del grupo de apoyo de Claire, resultan de lo más insulsas.

A la actriz –también productora ejecutiva de este filme que dirige Daniel Barnz y escribe Patrick Tobin–, la acompaña la mexicana nominada al Oscar Adriana Barraza, que encarna a su fiel e inseparable empleada Silvana. Fuera del lazo de amistad que une a las dos mujeres de una manera muy sensible y humana, nada en la narración podría elogiarse especialmente. Nada hay en su argumento –como no sea un caprichoso cake– que justifique el título. Ni dulzura, ni una pizca de gusto o gracia.

En un momento de la historia –ya bien entrada en su metraje– nos seguimos preguntando qué le ha ocurrido a esta mujer. El espectador creerá que se ha perdido una parte vital de la trama. La razón del conflicto de Claire, por fin, se devela bastante tarde en un guion demasiado celoso de sí mismo, que dosifica la información de una manera casi obcecada.

Otra debilidad de la historia es la relación muy conveniente que se crea entre Claire y el viudo Roy (Sam Worthington). Ambos han perdido algo que el otro podría ayudar a suplantar, un toma y daca que se siente provechoso y fabricado. El absurdo lo pone al final la escena de una chica que pasaba por ahí, como salida de otro filme. Después de intentar robar en el auto de Claire, a la protagonista no se le ocurre mejor idea que llevarla a su casa y pedirle que le haga un cake. • 

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