Cine

Whiplash, con la pasión de las obras grandes

Miles Teller y J.K. Simmons en ‘Whiplash’, nominada a los Oscar como Mejor película.
Miles Teller y J.K. Simmons en ‘Whiplash’, nominada a los Oscar como Mejor película. Daniel McFadden/Sony Pictures

• En el conservatorio de música Shaffer, el mejor del país, hay un chico que quiere ser grande. Andrew Neiman (Miles Teller) toca la batería como un desquiciado, pero hay un profesor que intenta sacar más de él, mucho más. Esta es la pequeña historia de Whiplash, metida en una obra grande, palpitante como los sonidos que salen de cada golpe de batuta.

Whiplash (Latigazo) es el nombre de una pieza de Hank Levy que ensayan los escogidos para la banda del profesor Fletcher. Andrew, con solo 19 años, necesita desesperadamente estar en ese conjunto de élite, ansía brillar y llegar lejos, pero el camino del éxito está empedrado de sacrificios y duras enseñanzas.

La historia nos lleva por una guerra psicológica, muy dura y dramática, entre el alumno y el profesor. Este, interpretado magistralmente por J.K. Simmons (ganador del Globo de Oro como mejor actor de reparto y nominado al Oscar), es de los de viejo lema: “La letra [la nota] con sangre entra”, que tal vez esconde otra máxima: “Quien bien te quiere te hará llorar”. Ejerce una especie de dominación terrible, una despótica intimidación ante sus aprendices. El hombre es definitivamente despiadado; capaz de atormentar, humillar, insultar por horas a los pupilos, incluso, en gesto de iracunda violencia, lanzarles un platillo que podría decapitarlos, hasta que logren tocar en su “maldito tempo”. Es el maestro incapaz de decir dos palabras dañinas: “Good job”, resuelto a empujar a los alumnos más allá de sus fuerzas y sus expectativas hasta la más perfeccionista ejecución. Espera descubrir al próximo Charlie Parker, el músico que nunca podría ser desalentado y vencido.

Damien Chazelle está tras la dirección y guion de esta cinta independiente, llena de virtudes en las que se fijaron los jueces de Hollywood para darle cinco nominaciones. La banda sonora de jazz es una maravillosa acompañante de las imágenes. El montaje sigue el vibrante dinamismo de la música. La narrativa es intensa y sencilla, concentrada mayormente en el salón de ensayos del conservatorio y pocas locaciones exteriores.

El espectador queda atrapado en las redes de Whiplash hasta un duelo musical final apabullante (tema de Caravan), con un maestro diabólicamente retador y un pupilo desbordante de furia, arrojo y talento. El filme está lleno de esa garra, pasión y alma que hace a las grandes obras del cine. Una pieza emocionalmente perturbadora que ama la música y se queda prendida con sus redobles de batería en la memoria.• 

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