Danza

‘Los silencios del baile’, la magia de un espectáculo con artistas entregados en cuerpo y alma al flamenco, presentado por Casa Patas y FUNDarte

Al frente: Francisco Hidalgo; a la extrema izq., Rubén Puertas; y, a la der., Lucía de Miguel en ‘Los silencios del baile’.
Al frente: Francisco Hidalgo; a la extrema izq., Rubén Puertas; y, a la der., Lucía de Miguel en ‘Los silencios del baile’. Para el Nuevo Herald

El fin de semana pasado tuvo lugar en el Miami-Dade County Auditorium un acontecimiento inusual: el estreno mundial de un espectáculo flamenco original procedente de España. ¿Su título? Los silencios del baile. ¿El resultado? Una larga ovación de pie al finalizar la función.

Los silencios del baile dio inicio así, de manera exitosa, a una gira por Estados Unidos que lo llevará después a Washington DC y Seattle.

Este el primer montaje como director del bailaor y coreógrafo Francisco Hidalgo (la obra incluye también solos creados por otros dos intérpretes) y es una presentación de la Fundación Conservatorio Casa Patas de Madrid en colaboración con FUNDarte de Miami.

Casa Patas es una institución cultural dedicada a la promoción, la enseñanza y la difusión del arte flamenco. Esta es la quinta vez que presenta un programa en Miami. Por su parte, esta es la decimosegunda temporada de FUNDarte, una organización dedicada a promover la diversidad artística en Miami, con énfasis en el arte y la cultura hispanos.

El elenco de Los silencios del baile, pequeño en número pero enorme en talento, incluye tres bailarines (Hidalgo, Rubén Puertas y Lucía de Miguel), un guitarrista (José Almarcha) y dos cantaores: Trini de la Isla y Roberto Lorente García.

La notas del programa escritas por Hidalgo afirman que “la danza descansa en los ritmos de silencio” y presenta la propuesta como un trabajo de exploración donde “el flamenco y los bailes españoles entrelazan tres almas dándoles forma a los silencios enmascarados en verdades, mostrando el lado más auténtico de nosotros mismos”.

Los silencios del baile intenta redefinir el flamenco tradicional revisitando cosas silenciadas en las grandes producciones comerciales y utiliza las propuestas individuales de los artistas participantes para armar un montaje organizado en ocho segmentos que ilustran estilos y estados de ánimo en tangos, fandangos, alegrías, y bulerías, apoyados por cante, toque, jaleo y palmas.

En este contexto, Hidalgo ofrece una puesta en escena sin argumento, donde lo más importante son el estilo y la pulcritud, las sugerencias y los pequeños detalles. No hay escenografía como tal y solo utiliza algunas sillas. Las luces definen los espacios y subrayan las actuaciones.

Así las cosas, el flamenco teatralizado para concierto de Hidalgo resulta ser una propuesta distante, incluso hierática. Este es su mayor logro estético, pero también su mayor limitación para comunicar la metáfora del título. Los silencios del baile acaban convertidos en fuego fatuo y no cobran vida como acciones dramáticas.

Y sin embargo, Los silencios del baile se acerca por un instante a la esencia de los silencios con el solo “Rizoma”, concebido y bailado por Rubén Puertas. Puertas es electrizante al moverse como si el espacio alrededor de él intentara avasallarlo y solo puede salvarse si utiliza con bravura sus recursos expresivos, que parecen inagotables.

El dibujo coreográfico de Puertas crece, cambia de forma y cierra de manera magnífica, pero lo que sella la entrega es su actuación. Puertas es un intérprete fascinante.

Lucía de Miguel y el propio Hidalgo presentaron también solos llenos de atractivo.

Ella es una bailarina que alterna la gestualidad de una criatura bravía con la sofisticación de una estilista y es capaz de cautivar a la audiencia con el mantón y la bata de cola. Hidalgo proyecta una nobleza entrañable que desarma a los espectadores tanto al detenerse y alzar los brazos como al entregarse al zapateado delirante.

La función que reseñamos no estuvo exenta de problemas. Las pausas extendidas le hicieron perder energía y se desaprovechó la oportunidad de despedirse con un fin de fiesta disfrutado y disfrutable. Se sintió también algo de timidez en los desplazamientos. Definitivamente, los bailarines se lucirían mucho más si se separaran del área de los músicos.

Pero Los silencios del baile tiene momentos inolvidables (el número de apertura a cargo de toda la compañía, el solo coreográfico de Puertas, el solo musical de Almarcha) y no hay tropiezos de una noche de estreno que empañen la magia de un espectáculo con artistas entregados en cuerpo y alma al arte del flamenco.

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