Danza

“Macho Man XXI”: realidad cruel e hipérbole exquisita

FUNDarte en el Miami-Dade County Auditorium (MDCA) presentó, como parte de su serie Out in the Tropics, “Macho Man XXI”, de la coreógrafa mexicana Tania Pérez-Salas.
FUNDarte en el Miami-Dade County Auditorium (MDCA) presentó, como parte de su serie Out in the Tropics, “Macho Man XXI”, de la coreógrafa mexicana Tania Pérez-Salas.
Con toda certeza, los afortunados espectadores que asistieron el fin de semana pasado a las dos funciones programadas por FUNDarte en el Miami-Dade County Auditorium (MDCA) como parte de su serie Out in the Tropics nunca olvidarán haber visto allí “Macho Man XXI”, de la coreógrafa mexicana Tania Pérez-Salas.



Nueve años después de haber conquistado Miami con “3.catorce dieciséis” y “Las Aguas del Olvido”, Pérez-Salas reverdeció laureles entre nosotros al presentar su más reciente obra maestra, un trabajo que queda en la memoria como un poderoso ejercicio de inmersión cultural en la terrible realidad de la violencia de género.


Once bailarines/actores excelentes acompañaron a la coreógrafa/directora: la francesa Sarah Matry-Guerre, la holandesa Myrthe Weehuizen (que recordamos de la visita anterior de la compañía), la cubana Roseli Arias Amaro y las norteamericanas Allison Ma Gee y Nicole Erickson Sievers, cuya presencia hierática es el punto focal de “Macho Man XXI” desde su primera aparición por su cabello flameante, su figura estatuaria y su participación destacada en casi todas las escenas.


Junto a ellas, actuaron los mexicanos José Roberto Solís Moreno, José Ramón Corral, Eduard David Martínez Lora, Diego Vázquez Galindo y Sergio Vázquez Contreras acompañados por el cubano Edisel Cruz González.


“Macho Man XXI” está basada gran parte en experiencias personales de Pérez-Salas y es un montaje que muestra su destreza como directora escénica para transformar la cruel realidad en hipérbole de realización exquisita y su facilidad para concretar momentos inquietantes con aplomo inmutable en el trazo coreográfico.


“Macho Man XXI” está también lleno de referencias culturales muy mexicanas (el bolero mambo, las “ficheras”, las botas picudas o el faldeo) que al ser deconstruidas por Pérez-Salas con la certeza de que todas ellas tienen más de un significado trascendente consigue hacerlas comprensibles para aquellos que nunca han estado en México o no entienden español. Los espectadores anglosajones presentes en las dos funciones que reseñamos no fueron la excepción.


En su noche de estreno la representación avanzó implacable (apoyada en un diseño de luces espléndido de Gabriel Torres Vargas, astutamente adaptado al espacio del MDCA) ante un público alucinado que siguió sin parpadear el desempeño de los bailarines, desde la secuencia de apertura en la que se desplazan en formación militar al ritmo de Los Zafiros hasta el cierre con “La Llorona” de Chabela Vargas (la selección y edición de la música es otro de los grandes aciertos de “Macho Man XXI”) para terminar premiando a todos los participantes con una larga ovación de pie.


Al día siguiente, en la segunda y última función en Miami, la energía de los intérpretes lograba lo que parecía imposible la noche anterior al ofrecer un “Macho Man XXI” aun mejor. El impacto de la desafiante pose final a cargo de Arias Amaro, Weehuizen, Matry-Guerre y Erickson Sievers dio la impresión de haber paralizado a los espectadores, que se tomaron unos segundos para procesar la experiencia antes de estallar en aplausos y gritos de aprobación.


Pérez-Salas sabe que la exposición de la degradación moral es una herramienta válida en la lucha contra la violencia de género – tema, leit-motiv y razón de ser de “Macho Man XXI” – y la utiliza aquí para amplificar el pathos de las situaciones presentadas donde las bailarinas proyectan el vacío de mujeres enfrentadas a la nada y los bailarines asumen los roles de hombres incapacitados para sentir empatía.


A veces nos parece que las mujeres que ostentan algún tipo de poder persuasivo en la sociedad pueden estar a salvo del abuso, como es el caso de las cantantes pop – remedadas aquí por Ma Gee y Erickson Sievers - que impresionaban muchísimo a Pérez-Salas de pequeña al verlas actuar en la televisión acompañadas por un coro de hombres, pero la realidad afirma algo muy diferente.


Ellas también pueden ser víctimas del feminicidio sin control que sacude a México y Pérez-Salas rinde homenaje a las muertas de Juárez con un segmento donde los hombres cubren los cadáveres con una enorme tela negra mientras escuchamos “mi mamá me dijo que sembrara flores…” en las voces de Los Cojolites. El efecto es escalofriante.


Probablemente como herramienta catártica por su propia vulnerabilidad ante el abuso, Pérez-Salas se lanza de lleno a tomar algunas decisiones artísticas en “Macho Man XXI” que pueden discutirse hasta la saciedad, pero hay que reconocer que su honestidad no deja indiferente al espectador.


Quizás ninguna otra sea tan controversial como los 4 minutos continuos de violaciones llevadas hasta sus últimas consecuencias - necrofilia incluida - que son actuados por ellas y ellos con una disciplina asombrosa mientras escuchamos el famoso landó peruano “Toro Mata”.


La escena comienza cuando Martínez Lora, que descubrimos ha estado sentado entre el público, sube a escena para abrazar por la espalda a una sumisa Erickson Sievers y comienza a golpearla en el pecho para después desnudarla y tirarla al piso.


El patrón abusivo de Martínez Lora es repetido en viñetas simultáneas por los otros hombres en escena y soportado por las mujeres que les acompañan (“ay caray, no es a mí a la única que le pasa” es posible que piense alguna mujer presente en el teatro). Son breves historias individuales que han sido armadas con una precisión artesanal que nos da la medida de la rigurosidad del trabajo de colaboración entre Pérez-Salas y sus bailarines al mismo tiempo que evidencia su habilidad poco común para no perder de vista a ninguno de sus intérpretes.


El nivel de actuación de todos los participantes es impresionante pero sobresale el arrebato histriónico de Edisel Cruz González interpretando a un egomaníaco rabioso que asesina a su mujer para después traerle flores.


Hay tantos aspectos de la realidad mexicana que le preocupan a Tania Pérez-Salas y tantos niveles de lectura en “Macho Man XXI” que analizar ambas cosas a fondo requeriría algo mucho más extenso que una reseña. Son tantas las imágenes memorables que enumerarlas sin entrar en detalles sería una injusticia.


Por lo pronto, baste pronosticar que “Macho Man XXI” se ha regresado a México dejando reservado un lugar cimero entre los grandes acontecimientos de la danza en Miami durante 2019. Poco importa que apenas estemos en el mes de mayo.
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