Danza

Momentos inolvidables del FIBM: obras maestras del ‘pas de deux’ a cargo de artistas tan diferentes como espléndidos

Sabrina Brazzo y Luigi Campa, del Teatro alla Scala (Italia), en el ‘pas de deux’ del II Acto de ‘El lago de los cisnes’ el año pasado en el Festival Internacional de Ballet de Miami.
Sabrina Brazzo y Luigi Campa, del Teatro alla Scala (Italia), en el ‘pas de deux’ del II Acto de ‘El lago de los cisnes’ el año pasado en el Festival Internacional de Ballet de Miami. el Nuevo Herald

Este fin de semana tendrán lugar las tan esperadas Galas del XXI Festival Internacional de Ballet de Miami (FIBM) que organiza y dirige su creador Pedro Pablo Peña. Doce países participan este año en el evento.

Es práctica común armar una Gala o programa concierto combinando trabajos coreográficos atractivos y de alguna manera “populares”: obras breves, fragmentos, solos y pas de deux.

Una obra breve como Adagietto de Oscar Araiz y un fragmento como la escena del balcón de Romeo y Julieta son ejemplos de piezas que vemos con frecuencia en las Galas.

Los solos son casi siempre “material especial” creado como ejercicio de maestría (Rosario Suárez en la “Danza Rusa” de El lago de los cisnes en el festival de 1998), de histrionismo (Luca Giaccio en Bata en 2012) o de virtuosismo (Rasta Thomas en Bumble Bee en 2005, el español Sergio Bernal en El Último Caballero en 2011).

Pero hay que reconocer que la carta de triunfo de las Galas del Festival han sido siempre los pas de deux provenientes de títulos ya clásicos. Poco importa que no se conozca la obra completa, los pas de deux son unidades aisladas que ya han adquirido vida propia y no hay por qué esperar una versión fiel al original.

Entre los momentos inolvidables del FIBM se encuentran obras maestras del arte del pas de deux a cargo de artistas tan diferentes como espléndidos:

Adiarys Almeida y Joseph Gatti, recientemente calificados en Argentina como “pareja assoluta” del circuito de los programas conciertos, en Don Quijote en 2007; Jennifer Kronenberg y Carlos Guerra en Romeo y Julieta en 2013; los italianos Sabrina Brazzo y Luigi Campa en El lago de los cisnes el año pasado.

Un pas de deux es simplemente un baile para dos. El Grand Pas de Deux lo es también, pero con una estructura fácilmente reconocible: entrada, adagio, variación para el bailarín, variación para la bailarina, y coda. La parte más apreciada del Grand Pas de Deux es el adagio.

El término pas de deux aparece en el siglo XVIII, pero el de entonces no se parece al del hoy y, como forma danzaria, el Grand Pas de Deux es una especie en extinción en 2016. El baile para dos moderno es sobre todo un suceso dramático que hace avanzar la acción (Fred Astaire y Ginger Rogers son referencia obligada) y su forma musical carece de variaciones y coda.

¿Como explicar entonces el atractivo imperecedero del pas de deux? Quizás pueda ayudarnos una analogía con el mundo del pop clásico norteamericano, donde el término estándar califica las canciones populares fácilmente reconocibles y mil veces interpretadas.

En este contexto, los clásicos seguirían siendo el estándar de la danza académica (el modelo a seguir) pero podríamos calificar al pas de deux de concierto como el estándar pop del ballet.

No hay que olvidar que es posible identificar un pas de deux antes de terminar de escuchar los primeros diez segundos de la música y solo hay que prestar un poco de atención para percatarse de la repetición de patrones en su estructura.

En entrevista para Time en noviembre de 2004, la cantante Bette Midler afirmó que las canciones estándar son “[…] como hojear tu propio libro de recuerdos. Las memorias adquieren una pátina […]”.

Incorporados a la memoria colectiva de los amantes del ballet, los pas de deux ofrecen familiaridad envuelta en esa pátina indescriptible y esto los hace sumamente atractivos al ser interpretados por bailarines dispuestos a sacudirles el polvo, superar la nostalgia, restituirle color e inyectarle nueva vida.

En realidad, ¿hay otra manera de hacerlo en un programa concierto?

Por supuesto que hay desaciertos que nos hacen desear poder viajar al pasado para ver el original y descubrir las verdaderas intenciones del coreógrafo, pero las posibilidades de que eso ocurra son cero.

Un buen pas de deux de concierto es otra cosa y cumple también otra función: la de ganar espectadores para el ballet.

La danza existe en tiempo presente, todo estándar es punto de partida y en los cambios descansa el futuro de las obras del pasado.

Siga a Orlando Taquechel en Twitter: @ortaquechel20

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