Alicia Civita

Juan Luis Guerra deja Miami a sus pies con un gran concierto

Una fiesta de la que disfrutaron 15,000 personas por más de dos horas y nadie se quería ir. Así se sintió el gran concierto que dio Juan Luis Guerra el pasado fin de semana en el American Airlines Arena en Miami. Estuvo tan bueno, que hasta los policías, que suelen estar mal encarados en este tipo de eventos, sucumbieron al encanto del maestro dominicano. Todos los presentes se rindieron ante la música y se contagiaron de la felicidad colectiva.

Y es que era imposible no emocionarse. Guerra está promoviendo su nuevo disco Literal, que también da el nombre a la gira que lo trajo a Miami. Pero no se olvidó en ningún momento de por qué estábamos todos allí: para cantar a viva voz las canciones de su repertorio que nos apropiamos para recuerdos importantes, para bailar como si estuviéramos en nuestros países y para aplaudir a uno de los más grandes que ha dado nuestra música.

Así que además de “Kitipun” y “Lámpara pa’mis pies”, del álbum que sacó este 2019, Juan Luis Guerra y su banda, la 4.40, tocaron “La bilirrubina”, “Ojalá que llueva café en el campo”, “Woman del callao”, “Visa para un sueño” y muchísimas más. La puesta en escena fue formidable, con una pantalla gigante que acompañaba la música con creativas imágenes y un grupo fabuloso de músicos liderados por la gran Janina Rosado.

Entre los invitados especiales estuvo el saxofonista venezolano Ed Calle, considerado uno de los mejores de su país, y el cantautor colombiano Juanes, quien casi hace caer la Arena cuando el público reconoció su voz en los primeros acordes de “Bachata rosa”. La complicidad de los dos Juanes fue más que evidente, con los dos abrazos con los que se saludaron y la armonía en la que unieron sus voces.

Juan Luis Guerra trató de irse varias veces, pero el público de Miami sabe que siempre hay la posibilidad de “¡otra!” Y se la pidió a gritos con esa hermosa costumbre de encender las lamparitas de sus celulares, dejando el recinto convertido en un cielo de miles de estrellas. Con cara de satisfacción, regresó hasta que cerró con su icónica “Burbujas de amor”, que cantamos casi más fuerte que él.

Aunque visualmente fue espléndido y musicalmente una joya, lo mejor de la noche fue el cariño con que el artista se entregó a esta ciudad, donde el amor de la audiencia demostró que la bachata está más viva que nunca, que nada como la salsa para bailar hasta con el desconocido de al lado, y que el merengue jamás dejará indiferente a nadie, ni al gringo más gringo. Más de uno, que parecía arrastrado allí por algún amor latino o latina, así lo demostró.

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