Olga Connor

LUIS F. GONZÁLEZ - CRUZ SE CRECE EN ‘SONSONETO’

Mariana Alvarez dando clases a la estudiante Diana Figueroa en el Thomas Armour Youth Ballet.
Mariana Alvarez dando clases a la estudiante Diana Figueroa en el Thomas Armour Youth Ballet. Cortesía

Como todos leemos poesía desde nuestra propia experiencia, al analizarla o disfrutarla vemos en sus creadores aquello que resuena en nuestras almas. Es la habilidad del poeta poder reflejar muchas vidas distintas.

Así fue cómo dos personas de disímiles historias pudieron encontrar ecos diferentes en la poesía de Luis F. González - Cruz. El escritor y amigo le pidió al poeta Angel Cuadra y a mí que le presentáramos su libro de poemas Sonsoneto (Alexandria Library Publishing House), en la reunión mensual del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio en la West Dade Regional Library. Cada uno de nosotros vio esta obra poética desde sus propia perspectiva.

Cuadra, fundador del Pen en el exilio, además de excelente poeta, es un expreso político cubano, y es en la represión política de Cuba que encontró los ecos de su vida en la poesía de González – Cruz. Dijo de él que “es un poeta que vivió y sufrió en Cuba la opresión de un sistema político totalitario, de asfixiante atmósfera para una personalidad como la suya”.

Destacó en González – Cruz su maestría al escribir los sonetos, que es en parte la razón del título, y señaló que en estos se conserva el rigor formal clásico, “junto a algunas ganancias de la postmodernidad”. Puntualizó que este es ya su cuarto libro de poemas, además de haber publicado novelas y ensayos, antologías y ediciones.

Por mi parte, siempre he querido saber cuál es esa capacidad que tiene un poeta de plasmar una idea, una inspiración, en una forma tan rígida como lo es el soneto. Por eso quise descubrir al poeta que se nutre de la poesía esencial de los Maestros para producir él mismo, dentro de ese oficio, lo más esencial y formal.

El legendario poeta y dramaturgo cubano Virgilio Piñera fue ese primer Maestro a quien González – Cruz, cuenta en su prólogo, encontró como mentor, y muy fortuitamente, ya que era su paciente en su trabajo de visitador médico en La Habana. Luego tuvo otros, en libros, y en sus estudios de literatura. Pero fue Virgilio quien le hizo las primeras sugerencias.

El resultado poético en Sonsoneto lo veo fundamentado en primer lugar por las estructuras, que son como las de una arquitectura especial para crear un hábitat nuevo para el lector. Son mundos arbitrados con toda la fruición y detallismo que se merecen. Y desde el primer poema en el libro, Mundo nuevo, se ve esa construcción ideal.

Sin embargo, la poesía no es solo plástica, de retratos con palabras, también es música, y el poeta se ha fijado en la cadencia que tienen las palabras por la forma en que caen los acentos a la hora de leer los versos. En todos se cuida mucho de que la oralidad no desaparezca de su construcción. Es un ritmo escanciado para el lector.

La métrica es más libre, aunque se ve una conciencia de la gramática, de su anatomía original. Sobre todo en un soneto, que se basa en dos cuartetos y dos tercetos de endecasílabos en rimas abba, etc. Incitación es un ejemplo de rima y metros exactos, pero en ese “son – soneto”, lo que trasmite es una metamorfosis de hombre en vegetal.

Ya que no son abstractos estos versos, y a pesar de la geometría de sus diseños, tienen una anatomía vital, un esqueleto, un cuerpo, una musculatura. Hay una belleza subliminal, una búsqueda de la palabra capital. Eso es lo que dice en lo que considero su “arte poética”, en el poema Resurrección.

Finalmente, veo en el libro una especie de intrahistoria entre poema y poema, como para dejarnos con una visión del mundo a su manera. Mirando el índice nos damos cuenta de que desde el primer poema sobre el mundo, se va luego a la luz, y después al cuerpo de mujer, a la libertad y al planeta, y en este, al centro de la cultura, París. Y entre todos, hay algunos poemas de sarcasmo irónico, para liberar la seriedad y la tristeza, que son realmente simpáticos y extraños a la vez.

A todo ello hay que añadir que el fallecido actor, profesor, dramaturgo y novelista Julio Matas le escribió la introducción, ahora publicada post mortem. Una bella estampa del inolvidable escritor y querido amigo mío para su mejor amigo.

HONOR A MARIANA ALVAREZ BRAKE, MAESTRA DE BALLET

La bailarina Mariana Alvarez Brake, maestra de baile en la escuela Thomas Armour Youth Ballet, que dirige Ruth Wiesen, acaba de ser premiada por su gran trabajo. Ella es hija de la admirada dramaturga y periodista cubana Paquita Madariaga (ya fallecida), antigua compañera mía. Mariana acaba de ser seleccionada por el School of American Ballet’s National Visiting Fellows Program, por haber sido una maestra responsable y efectiva de ballet clásico en comunidades minoritarias. Además, la escuela Thomas Armour recibirá $5,000, como parte de la distinción. (Thomas Armour Youth Ballet, (305) 667-5543).

olconnor@bellsouth.net

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