Olga Connor

Las palabras de Trump sí importan

El presidente Donald Trump habla en una sesión sobre tráfico humano, el jueves 23 de febrero, en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca en Washington, D.C.
El presidente Donald Trump habla en una sesión sobre tráfico humano, el jueves 23 de febrero, en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca en Washington, D.C. TNS

Aunque Donald Trump ha decidido escoger de enemigos populares a los mexicanos, en su forma de exponer las cosas es el más fiel recreador del estilo de un comediante excepcional de ese país y todas las Américas, Cantinflas, quien se destacó en las películas, pero también en una cinta en el idioma inglés, La vuelta al mundo en 80 días, del año 1956, con David Niven.

Lo que acerca al Presidente a Cantinflas es su arte de la contradicción, o de la evasión, a pesar de que dicen que ninguno de los dos tiene “pelos en la lengua”. Lo que parece cuando uno los oye es que no piensan antes de hablar. Esto en esencia confunde a sus enemigos. Primeramente lo hizo con los 16 aspirantes republicanos a la nominación, los cuales no se atrevieron a ser abiertamente insultantes o políticamente incorrectos, como lo fue Trump. Ahora ataca a la prensa.

Pero Trump se contradice en todo lo que dice, apunta su rival en el Partido Republicano, el Senador John McCain. Y esta misma semana acaba de suceder, que ante un asalto a un cementerio judío en Missouri, Trump se ha declarado finalmente antisemita. Pero antes estuvo un poco trabado en sus palabras frente al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu en su visita a Washington.

Cuando le hicieron una pregunta, el 15 de febrero, sobre el antisemitismo en la conferencia de prensa con Netanyahu, Trump respondió antes que nada cómo ganó el colegio electoral por más de 300 votos, a pesar de que le decían que no iba a llegar a 220. No es hasta el final que comenta que se opone al racismo en general, y da a su hija Ivanka, que se convirtió al judaísmo, como ejemplo de su postura.

Sin embargo, como dice un viejo adagio norteamericano, “Words do matter”. Las palabras sí importan. Y la actitud del Presidente de extremo racismo contra musulmanes y mexicanos, ha llevado a toda clase de prejuicios. Y su hasta ahora paños tibios en el tema del antisemitismo han traído como consecuencia varios ataques contra los judíos. El lunes pasado casi una docena de centros judíos fueron blancos de amenazas de bombas.

En muchos casos, Trump dice mentiras fáciles de verificar, como las del terrorismo del viernes por la noche en Suecia, lo que fue una confusión, y entonces culpa a otros de ser la fuente, en este caso a Fox News. Pero en otros casos cambia de colores, por ejemplo dijo que su orden de prohibir la entrada de musulmanes era perfecta y la iba a llevar al Supremo, pero luego ha decidido lo contrario, y redacta otra orden más aceptable. A eso Kellyanne Conway, que es publicitaria, lo ha llamado datos o verdades alternativas. Este invento retórico está siendo repetido esta semana por Danae, un personaje de la tirilla gráfica de The Miami Herald titulada Non Sequitur. Ella ha tuiteado que es un día de tormenta de nieve para no tener que ir a la escuela. Aunque afuera no haya nieve, lo importante es que millones de niños repiten su tuit, dice la niña. En realidad, en ese mundo “alternativo”, hay nieve, dice ella.

Aunque en mi tiempo de estudios filosóficos a eso se le llamaba relativismo moral, pero en el lenguaje popular era el “cantinfleo”. En los estudios universitarios se le atribuía a los antiguos sofistas, que podían defender cualquier cosa que se les ponía delante con su particular retórica.

Esto es causante de la misma hilaridad que me provocó Trump en su actitud frente a la prensa. Porque son los medios los que han hecho a Trump, lo mismo que el cinema construyó a Cantinflas antes de la televisión. Y este Donald, que es muy listo, se ha hecho extremadamente popular. Nadie lo deja de mirar, el mundo es muy aburrido sin Trump. Dentro del caos, Cantinflas era el rey. Y este presidente también. Dentro del caos siempre gana.

Precisamente Time ha titulado al primer mes de Trump el del caos. Porque para los periodistas las palabras son esenciales. Y las acciones y palabras de Trump conducen a una sensación de caos. Para Trump las palabras son para conjugar otra realidad, que no es la de todos, sino la de él y sus partidarios. Ha creado una revolución en el lenguaje. Los fanáticos dicen que quiere revolverlo todo, que es un movimiento nuevo, para desarmar a los políticos de carrera. En realidad, no les falta razón en esto, el Congreso de los Estados Unidos se comporta cada vez peor, y se lo merece.

Los que votaron por Trump piden paciencia. Que le den un chance a su líder. Pero ¿cómo se sentiría si a usted lo insultaran cuando estuviera en una conferencia de prensa en la Casa Blanca, si le acusaran de propagar noticias falsas? ¿Cómo se sentiría, si le dijeran que las filtraciones de su propio gobierno son ilegales, pero el contenido de esas noticias que emiten son falsas noticias? Una contradicción a todas luces, porque si son ilegales es porque tienen valor, y si son falsas, no son ilegales, son falsas.

Es una garantía para este país que su sistema de gobierno esté tan bien aceitado que todavía funciona todo, a pesar de las disrupciones de Trump. Su modo de operar apunta a una actuación magistral para el público de la televisión y del tuit, y si no existiese ese tipo de publicidad, no tendría el éxito que ha cobrado. El es el llanero solitario de las películas del Oeste predilectas de americanos y extranjeros, un héroe rudo, a lo John Wayne, que habla fuertemente y saca las pistolas para impresionar de modo hiperbólico. Ahora falta saber si sabe organizarse desde la Oficina Oval.

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