Olga Connor

La transformación del ICCAS en CSI

Jaime Suchlicki habla durante una presentacion en la Casa Bacardí en Coral Gables en el 2010.
Jaime Suchlicki habla durante una presentacion en la Casa Bacardí en Coral Gables en el 2010. el Nuevo Herald

No, no se trata del famoso programa investigativo de la televisión norteamericana, CSI, cuyas siglas se refieren a las palabras Crime Scene Investigation. Aunque estoy investigando la escena de un embrollo gigantesco, a la que se refirió en su columna del 3 de agosto en este diario el colega José Azel, con el título: El ICCAS-gate: es el encubrimiento lo que delata.

Y es a base de códigos, como los de los investigadores oficiales, porque estas siglas en Miami se refieren en este momento al recreado Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos, ICCAS, de la Universidad de Miami, que tanta disensión y discusión originó recientemente. Ahora renace como el Cuban Studies Institute, CSI.

Este organismo ya lo estaba planeando el doctor Jaime Suchlicki, ex cátedratico Emilio Bacardí, de UM, y director y único fundador de ambos institutos, desde que se comenzó a plantear la idea de su jubilación, pues me habló de él unos tres meses antes de que se cerrara el otro.

Y ya me dijo entonces que se asociarían al Museo de la Diáspora Cubana, situado en la Avenida 12 del Suroeste y Coral Way, con el objetivo de recrear allí las conferencias y reuniones.

¿Tenía pensado Suchlicki en jubilarse cuando le pidieron el cese de ICCAS, o esto fue una decisión de la Universidad en sí, es decir del presidente, el doctor Julio Frenk? “Yo estaba negociando con la Universidad mi jubilación cuando recibí órdenes de cesar ICCAS. La decisión fue de la Universidad, no mía”, respondió Suchlicki.

¿Y por qué se le ocurrió fundar el instituto en otro lugar? “Se me ocurrió en parte, porque creía que la labor que estábamos haciendo era importante y además estoy muy joven para retirarme”.

Me preocupé con la idea de los fondos que usarían, ya que el Museo de la Diáspora Cubana no parece estar muy solvente. “El dinero que tenemos en este momento es un pequeño grant del Estado de la Florida. Este grant nos lo habían dado hace tres años y ahora continúa”. Es decir se lo dan directamente a CSI. También les han prestado las oficinas del Museo Cubano que desde hace tiempo tienen en el Bank of America (antes en la sucursal de Ponce de León, y ahora en 1500 South Dixie Highway esquina a la calle Madruga).

“El programa va a continuar las actividades e investigaciones que realizábamos en ICCAS. El énfasis va a ser más en investigaciones profundas de la realidad cubana”, dijo Suchlicki. El les escribe a sus corresponsales en todo Miami y otras ciudades: “Hemos organizado un nuevo centro de investigaciones sin ánimos de lucro, el Instituto de Estudios Cubanos, CSI, para continuar diseminando la realidad de Cuba y su política extranjera”.

Se listan como director ejecutivo a cargo de asuntos legales a Pedro Roig, J.D., que como se sabe fue presidente de Radio y TV Martí. La gran amiga de todos los socios del Instituto, la eficiente María Urizar, de directora de la oficina, y Jennifer Hernández, a cargo de investigaciones.

Lo interesante es que casi todos los asociados del ICCAS se adhieren ahora al CSI. Entre ellos: el periodista Álvaro Alba, el analista internacional José Azel, Ph.D., el economista Robert Cruz, el escritor Carlos Alberto Montaner, el historiador Marcos Antonio Ramos, Ph.D., y el embajador Otto Reich.

“Todos los asociados son pro bono”, declaró Suchlicki. “Si hacen alguna investigación y dependiendo de los fondos se les podrá remunerar con algo”.

Y el hecho es que los fondos del ICCAS no vinieron necesariamente de la Universidad de Miami, cosa que la mayoría del público no sabría hasta ahora. Los fondos fueron donados originalmente por la familia Bacardí.

“La ayuda de la Universidad para ICCAS fue mínima. La Casa Bacardí de UM fue ayudada por la familia Bacardí y la Compañía Bacardí”, subrayó Suchlicki.

La familia Bacardí donó originalmente un millón de dólares, y se encargaron de redecorar y arreglar esa famosa Casa donde se celebraban las reuniones y conferencias, de las que he reseñado muchas desde el año 2000, en que comenzó. En su mayoría eran históricas, literarias y académicas. La sala se prestaba a organizaciones cubanas, entre ellas NACAE (National Association of Cuban American Educators) y Herencia Cultural Cubana.

“Y seguiremos acogiéndolos”, resaltó Suchlicki.

Pero también moderé algunas sesiones, por ejemplo la entrevista con Lucy Arnaz, que vino a apoyar el teatro de Coconut Grove, y la sesión a favor de más de 20 grupos culturales cubanos que operaban y aún operan en Miami. Además, dicté un Seminario de Literatura Cubana.

Una de las encomiendas del ICCAS fue estudiar las posibilidades de la democracia en la isla. “Durante la administración del presidente Bush recibimos varios millones de dólares para las investigaciones sobre Cuba y para ayudar en un proyecto de la transición en la isla”, explicó Suchlicki.

Se llamaba Cuba Transition Project, y lo reportó Elaine del Valle para The Miami Herald en 2002, artículo en el que se especificó que la donación era para estudiar las recomendaciones en la reconstrucción de Cuba, después del gobierno de Castro. Estaba patrocinado por la Agencia de Desarrollo Internacional, USAID, primera vez que ocurría esto dentro del territorio norteamericano.

“Eso se terminó hace ocho años y no hemos recibido ningún dinero federal desde esa época”, anotó Suchlicki.

Pero aunque no he conocido de intercambios con intelectuales y creadores cubanos en el ICCAS, sí los ha habido en otras dependencias de UM antes del actual presidente. El grupo de teatro digital que dirige la directora de Lenguas Modernas de la Universidad, Lillian Manzor, ha invitado a muchos escritores y críticos cubanos en ocasiones, como la reunión “Protagonistas de los 60 en el teatro cubano”, del 27 de marzo de 2010, que contó con Eduardo Arrocha, Antón Arrufat, Abelardo Estorino y Jesús Ruiz, todos de La Habana, junto a otros cuatro autores, críticos y productores desterrados de Cuba.

Existe también el Center for Latin American Studies (CLAS) que comenzó hace varios años y ha colaborado en los esfuerzos de invitar a conferenciantes cubanos que vienen a las reuniones de LASA (Latin American Studies Association) y de otros organismos.

Habrá que seguir investigando lo que hará UM con respecto a la antigua ICCAS y a Casa Bacardí. Suchlicki me comunica que no tiene idea de cómo van a proceder. Está por verse si habrá dos institutos de estudios cubanos surgidos ambos de la misma institución y fundados por el mismo director. Y cómo se diferenciarán.

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