Olga Connor

Misión y romance de un estudiante cubano en Praga

Hildemaro Montejo Hidalgo (centro) presentó ‘El hombre de Praga’, con Oscar Echevarría (izq.) y Alcibiades Hidalgo en el ICCAS de la Universidad de Miami.
Hildemaro Montejo Hidalgo (centro) presentó ‘El hombre de Praga’, con Oscar Echevarría (izq.) y Alcibiades Hidalgo en el ICCAS de la Universidad de Miami. Especial/el Nuevo Herald

En la Universidad de Miami, en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos, ICCAS, se celebró la presentación de un libro que narra una historia real que parece inverosímil, El hombre de Praga (Editorial Horizonte). Los casos cubanos se desarrollan en miles de pedazos diferentes, como los de un espejo quebrado. Es el relato del cubano de Camagüey Hildemaro Montejo, quien cuenta su vida al estilo de una novela o guion cinematográfico, en que la trama se complica porque se enamora, desde Praga, de una joven en Venezuela que solo conoce por cartas y fotos.

En la presentación habló su prologuista Alcibíades Hidalgo, quien dijo que se habían criado en la misma casa en Camagüey. Denominó a ambos como “gusanos viejos”, refiriéndose al nombre dado a los “contrarrevolucionarios” en Cuba. “Terminó casándose por poder”, dijo del romántico matrimonio de su amigo.

Otro de sus presentadores, el periodista venezolano Rafael Poleo, detalló sobre todo las relaciones entre Cuba y Venezuela, que datan de lejos, desde que Fidel Castro llegó al poder, y se interesó en ese país, desde el primer momento de su gobierno, en la época de los presidentes Rómulo Betancourt y Rafael Caldera. A Castro le interesaba el petróleo venezolano, dijo. En el panel participó Oscar Echevarría, quien se refirió también a la política cubanovenezolana.

En todo ello lo que lo ilumina es un romance internacional. “Su nombre era Matilde Trujillo Pinto, pero todos le decían Marina”. Así comienza el relato de la correspondencia de Montejo con la joven venezolana, hermana de dos de sus mejores amigos en Praga, con quien al fin contrajo matrimonio. Había ido a la capital de Checoslovaquia como estudiante becado, pero se sentía atrapado por “la oficialidad” cubana, a pesar de su fervor revolucionario. Fraternizar con una venezolana era sospechoso, porque podría querer fugarse a Venezuela. Por eso inmediatamente comenzaron a espiarlo y a ponerle trabas y le exigieron que se convirtiera en delator. Montejo escribió: “La delación es una práctica tan vieja como la prostitución”, pero tuvo que ajustarse en cierto modo bajo peligro de cárcel.

Su itinerario de estudiante fue desde el fervor revolucionario al desencanto total, pero en Europa, donde los métodos represivos cubanos se agudizaron aun más en el ambiente del gueto estudiantil cubano de Praga. Montejo da detalles de sus aventuras no solo románticas, sino entre amigos y traidores, compañeros y espías, y de una relación entre Cuba, Venezuela y Checoslovaquia difícil de atisbar en ningún otro relato histórico. • 

olconnor@bellsouth.net

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