Olga Connor

El periodismo y la Academia (Ultima de tres partes: influencia de la internet)

En esta última entrega sobre el periodismo y la academia, reflexionaré sobre la influencia de los medios visuales. Por ejemplo, mientras que en la academia lo que prima es el estudio de la literatura, de la historia, desde el punto de vista de la totalidad, en el periodismo los acontecimientos se van contando día a día, en forma de serie, hasta que llega a ser una fuente para la historia futura.

La telenovela siempre responde al reclamo de los televidentes. Los medios noticiosos también, porque le toman el pulso al interés de la gente. Y cubren eso a veces en demasía, como fue el caso de la desaparición del avión de las Líneas Aéreas de Malasia número MH370, en el Mar de la India. CNN no dejó esa historia hasta que hubo críticas sobre el particular en otros medios, pero más bien cuando el público dejó de sintonizar. Mientras tanto obligó a otros canales noticiosos a que también lo reportaran, al punto de que el televidente imaginó que había algo terrible, pero secreto, que no se decía. Y se citaban a expertos muy importantes, pero vacíos de información, fecundos en la especulación.

Esto ocurre en ambos casos, entre los académicos y los periodistas, y en ambos los datos son esenciales, pero en el periodismo hay que cuidarse de lo que sea ilegal trasmitir. Se lidia con el presente. En la academia, nadie resucita del pasado para desmentirte, sólo los colegas pueden herirte.

El caso es que ambas disciplinas tienen su lugar en el mundo moderno. Y no dudemos de que la internet está acercando ya a las dos de manera inusitada.

En el principio de mis actividades periodísticas nos fijábamos en los cables que llegaban de modo constante de los servicios informativos, para saber qué estaba pasando internacionalmente. Hoy día todo entra por la internet, está en la nube. Pero cuando queremos saber qué precedió a lo que estamos mirando en el momento solo tenemos que ir hacia atrás de nuevo en la internet y allí están todas las historias pasadas.

Recuerdo que en el Herald teníamos que ir a buscar el material histórico a la biblioteca del periódico. Recuerdo también cuando comenzaron a hacer “surfing” los periodistas que reportaban la noticia internacional diaria. Fue un gran acontecimiento.

En la academia teníamos que ir a buscar libros a la biblioteca, o ir a las enciclopedias. Hoy día todo está en Wikipedia. Jamás voy a la Enciclopedia impresa, no está al día. Aunque aún hay materiales que no se pueden encontrar digitalizados. Esos siguen guardados en oscuros archivos, como los de Indias, o en lejanas bibliotecas. Y cuando todos los libros estén en tabletas digitales y perdamos el olor de los libros antiguos, raros y curiosos, ¿cómo nos sentiremos?

Aunque es mejor que se haya inventado o descubierto la internet, por supuesto. Hay que leerse la novela de Federico Andahazi, El libro de los placeres prohibidos, para darse cuenta de lo que significó la imprenta para los copistas, que estaban muy furiosos de que los vinieran a sustituir. La Iglesia pensaba que lo escrito era sagrado, pero solo si se copiaba a mano libro a libro.

Ahora la internet permite que esta columna se pueda leer en cualquier lugar del mundo y también los escritos académicos. Pero no podemos relegar todo lo impreso a la basura, aunque gastaríamos menos árboles, y habría mayores bosques. Porque no sabemos qué sucederá en el futuro con “la nube” que guarda nuestros trabajos y creaciones.• 

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