Olga Connor

​Remedio para la droga digital o digitalitis

Apple acaba de declarar esta semana que prepara un instrumento contra la adicción a los teléfonos inteligentes que ellos mismos venden para poder ayudar a los adictos. Es una nueva herramienta que revelará cuán horripilante su adicción al iPhone podría ser.
Apple acaba de declarar esta semana que prepara un instrumento contra la adicción a los teléfonos inteligentes que ellos mismos venden para poder ayudar a los adictos. Es una nueva herramienta que revelará cuán horripilante su adicción al iPhone podría ser.

Apple acaba de declarar esta semana que prepara un instrumento contra la adicción a los teléfonos inteligentes que ellos mismos venden para poder ayudar a los adictos. Es una nueva herramienta que revelará cuán horripilante su adicción al iPhone podría ser. Estará lista este otoño, y tratará de que ese aparato sea menos adictivo sin sacrificar su funcionalidad. A la iniciativa se le llama “Salud Digital”.

Me alegro mucho, porque siempre me encuentro con amigos y hasta personas que acabo de conocer, que se burlan de mí, y me insisten hasta la saciedad para que me compre un “smartphone”. Aunque ellos por supuesto no lo van a pagar ni cargar. Y yo les digo que no tiene nada de listo o “smart” que el teléfono los lleve a ellos, en vez de ellos llevar el teléfono.

Una tirilla gráfica que me encanta en The Miami Herald es “Zits”. Ahí fue donde se empezaron a burlar de esta adicción. Es sobre un adolescente en la Secundaria, y la exageración en el uso del aparato llega a tal punto que los amigos -uno frente a otro- se comunican por texto digital y no a viva voz. La madre del muchacho decide hacer lo mismo, porque si no lo hace su hijo no le presta ninguna atención.

¿Ustedes no ven cómo en el teatro envían a las acomodadoras y acomodadores a pedirle al público que apague su “smartphone”? Pero no les hacen caso. Es como una droga. Y sé que estoy en el campo de las comunicaciones y que hasta los libros se están digitalizando en alto grado. Esperen que un día venga un ataque cibernético y elimine todos los bancos de data y todos los libros, incluyendo nuestro dinero en los bancos, como si los hubiesen quemado. Por si acaso guarden en el banco una prueba de lo que tienen en caja blindada. El papel perece, pero ha durado más que mis grabaciones en casetes para los que no encuentro grabadoras nuevas con que escucharlos.

Súbanse a una torre mental y piensen en lo que encontraron cuando nacieron y vean lo que hay en el momento actual. Y se darán cuenta de que esos iPhones serán caducos en un abrir y cerrar de ojos. Fíjense en que nadie ya anda con tabletas apenas, que hace unos años eran el furor. Y que cada año un nuevo aparato, que es mucho más que un teléfono, les domina la vida. Ya van por unos mil dólares. Veremos cuando cuesten lo que un automóvil.

Debido a Uber y otros servicios tendré que al fin ceder a la nueva remesa de comunicadores móviles. Qué remedio. Pero recuerdo con gran nostalgia la vida anterior. Cuando tener “telefonitis” era escuchar y hablar por horas con las amigas, chismeando y gozando. Por los 70 estuve un año sin trabajo al mudarme a Maryland desde Pensilvania y mi sueldo de desempleada completo me lo gastaba en llamadas telefónicas a mis amistades de Filadelfia. No había skype. No había aplicaciones para hablar gratis, ni de computadora ni de teléfonos. No había correos electrónicos. No había nada de eso. Y tenía muchísimo tiempo para leer libros y escribir cuentos. Tiempo para sufrir y para soñar.

Todo eso duró desde que se inventó el teléfono en 1876. Pero miren ahora qué adelantos en los últimos 20 años. Asusta lo que pueda ocurrir en el campo de las comunicaciones en los próximos 5 años de nuestras vidas.

Hasta el 8 de junio duraría la reunión de desarrollo anual de la compañía de Apple, en un momento en que la tecnología está enfrentándose con los problemas de privacidad de los consumidores debido al caso de Facebook. De modo que también están considerando cómo eliminar la invasión de la privacidad en los teléfonos y otros servicios de Apple.

Esa privacidad se ve afectada en los teléfonos inteligentes, aunque se consideren necesarios y hasta mandatarios, debido a que significa llevar una oficina en la mano -horror de horrores-, y un constante comunicador con todos –peor que peor. Pero también sucede frente a mi computadora, por lo que estoy siempre sintiéndome que he perdido algo cuando me alejo de ella. La diferencia es que no puedo llevar mi computadora al hombro, la dejo misericordiosamente atrás de mí, en mi oficina, y me voy a disfrutar del aire o de los amigos que hablen directamente y sin aparato adictivo en la mano.

Y fíjese que el nombre que recibirá la nueva aplicación de Apple es “Screen Time”, en los Settings app, de los nuevos iOS 12 del otoño, para que usted se dé cuenta de cuán invasiva es su adicción a la “inteligencia” de su teléfono, que es más inteligente que usted, porque lo tiene atrapado sin ninguna conmiseración.

olconnor@bellsouth.net

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