Olga Connor

Papa Francisco, se necesita un cambio de sistema

Víctimas del abuso sexual de sacerdotes, y sus familiares reaccionan al escuchar al fiscal general de Pennsylvania, Josh Shapiro, durante una conferencia de prensa el 14 de agosto en Harrisbugh, Pennsylvania. Una investigación en este estado reveló que más de 1,000 niños fueron víctimas de abuso sexual en seis diócesis católicas.
Víctimas del abuso sexual de sacerdotes, y sus familiares reaccionan al escuchar al fiscal general de Pennsylvania, Josh Shapiro, durante una conferencia de prensa el 14 de agosto en Harrisbugh, Pennsylvania. Una investigación en este estado reveló que más de 1,000 niños fueron víctimas de abuso sexual en seis diócesis católicas. AP

La reciente noticia de los 1,000 casos de pedofilia o pederastia, que se han descubierto en la Iglesia Católica de Pennsylvania, me ha hecho sufrir más que otras de esta índole, porque fue en ese estado donde crié a mis hijos, donde estudié, donde viví hermosas experiencias.

En Filadelfia, yo iba a la Iglesia Presbiteriana de Bryn Mawr, y daba clases en universidades de la persuasión protestante, aunque me crié en una familia española católica, y fui al colegio católico de las Siervas de San José en el Vedado, un barrio de La Habana, que son las llamadas Josefinas en Valladolid, España.

Pero mi padre era republicano español, y anticlerical. Y fui al Instituto de la Víbora, ahora llamado preuniversitario, en el que adopté el “humanismo”. Sin embargo, extrañaba el estudio de la historia sagrada con las Josefinas, y a los 15 años busqué la lectura directa de la Biblia en la Iglesia Presbiteriana de la calle Salud. Seguí yo misma dando clases de Biblia en los templos de esta denominación cuando ya el Vaticano II había liberado a la Iglesia Católica de muchas trabas, incluyendo la de la lectura de la Biblia, y yendo más allá de las propuestas de Lutero del 31 de octubre de 1517.

Hubo un resultado de la Reforma que adoptó el movimiento protestante, y no el de la Contrarreforma, el de permitir, o más bien inspirar a que los sacerdotes, o ministros, formaran sus propias familias, que tuvieran esposa e hijos, nietos, descendencia que no fuera bastarda, que no fueran hijos del “ama del cura”, o de uno de los antiguos Papas, como el papa Borgia.

Hacer esto evitaría muchos actos criminales en el seno de la Iglesia Romana. Entre ellos, el refugio que le ha dado a cientos de pedófilos, que buscan en su seno un acceso fácil a miles de niños indefensos.

No está en la Biblia exigir que los apóstoles y sacerdotes no se casen. Todo lo contrario. En Israel, donde se inició el cristianismo, era inconcebible que un rabino estuviera soltero. Los inclinados a este comportamiento aberrado de la pederastia quizás se metan en la curia para escapar, creyendo que la Iglesia les salvaría. Otros lo habrán hecho a propósito. Las escuelas católicas han mostrado ser desde hace tiempo el terreno más fértil para este tipo de comportamiento, en un porcentaje desigual.

Me preocupa que hijos de amigos y de familiares míos muy cercanos estén asistiendo a escuelas católicas, porque es sabido que la mayoría de los niños abusados calla lo que les ha sucedido. Según el boletín del FBI, Law Enforcement Bulletin, al igual que en los casos de violaciones de adultos, el acoso sexual infantil y juvenil es uno de los crímenes que más se ocultan. Solo se reportan entre el 1 y el 10 por ciento de los casos. Y el problema es que el comportamiento del pedófilo es repetitivo, hasta el punto de la compulsión, han dicho los doctores Ann Burges, Nicholas Groth y otros, en un estudio sobre los ofensores en las prisiones.

En la mayoría de los casos, la Iglesia Católica ha ocultado a sus sacerdotes pederastas en vez de enviarlos a prisión. Les ha hecho un “cover up”, en fragante complicidad, como si la Iglesia fuera un negocio que tiene que salvar su reputación, o una mafia de protección mutua, en vez de pensar en los pobres abusados, en las víctimas: en los jóvenes y niños. Ha usado el dinero de la Iglesia para acallar las protestas.



Esto tiene que cambiar de una vez por todas. Y la mejor manera es la de ir más allá del Vaticano II y cambiar la estructura de la organización. Ya que el Papa Francisco es un religioso de ideas liberales, que lo pruebe. Él debe llevar la batuta y abrir el sacerdocio a los que se quieren casar y no a los que quieren ser parte anónima de un celibato que no tiene razón de ser, excepto la económica. Porque todas las propiedades pertenecen a la Iglesia que ostenta un boato poco consecuente con la humildad que predicó Jesús, en sus enseñanzas y parábolas, según la tradición de los Evangelios y las Epístolas de Pablo.

Y es imperativo mandar a los criminales a la justicia regida por las leyes de cada país. No proteger a los arzobispos que cubren las iniquidades, aunque esté bien perdonar, pero es un agravio tener una justicia particular y proteger a los delincuentes.

Libere a la Iglesia, papa Francisco, y ante todo, a las pobres víctimas de sus crímenes y procacidades.

Olga Connor: olconnor@bellsouth.net.







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