Olga Connor

La ideología del trumpismo y las elecciones

El presidente Donald Trump da un discurso durante un acto de campaña el miércoles en Fort Myers, Florida.
El presidente Donald Trump da un discurso durante un acto de campaña el miércoles en Fort Myers, Florida. New York Times

El “trumpismo” es una ideología que aparentemente ha creado un solo personaje de nuestra farándula política, proveniente de los negocios, y sobre todo de la televisión y la publicidad. Pero Donald Trump solo ha tratado de incorporar en sus discursos ideas ya enraizadas oscuramente y desde hace tiempo en una gran parte de la población.

Eso explica por qué ganó y sigue ganando con sus desmanes. Los hizo despidiendo gente en su programa The Apprentice de la TV, con la frase “You’re fired”, aunque supuestamente él les enseñaba a administrar negocios. Esto le dio un estilo de triunfador, lo que es una aspiración nacional. Y en su caso se le considera un maestro en el “arte de los acuerdos” en los negocios (The Art of the Deal).

Entretanto, los ciclos del capitalismo y otros errores llevaron a una recesión bien mala alrededor del 2008 —que se comenzó a resolver mientras gobernaba Barack Obama—, pero la gente se ha quedado muy escamada. Ahora los empresarios han obtenido rebajas en los impuestos y en las regulaciones, que ayuda a mover los negocios. Sin embargo, no es eso lo que enfatiza el líder Trump en sus rallys, porque no todos somos empresarios ni negociantes. ¿Verdad?

Lo que sí tenemos todos es algún tipo de prejuicio. Aunque esté escondido. Y Trump ya advirtió que no iba a ser políticamente correcto. El “trumpismo” que él ha inventado apela a sentimientos muy rebuscados en el corazón de la sociedad norteamericana. No solo está relacionado con la raza, sino con el tiempo que la gente lleva en esta tierra. Es como si resurgiera la pureza de sangre de que hablaban los españoles en los siglos XVI y XVII, que significaba no tener ancestros judíos. Y hemos visto los resultados en la última tragedia pública.

En Filadelfia, la cuna de la libertad americana, se hizo una declaración de Independencia que no nos incluía a todos, solamente a los dueños blancos de tierras. Ni negros ni mujeres. Cuando llegué a esa ciudad en 1964, se hacía hincapié en los apellidos. Los Kelly de la familia de Grace Kelly se consideraban advenedizos, porque eran irlandeses católicos que no poseían tierras, sino negocios. Había allí una Sociedad del Mayflower, para los descendientes del famoso bote, y otra de las Hijas de la Revolución Americana, DAR. Es decir, ellos sí eran verdaderos americanos, tenían pedigree.

Algo cambió en la historia americana cuando el Partido Republicano tuvo la suerte de tener a Abraham Lincoln a la cabeza, porque defendió la libertad de los negros esclavos. Los sureños eran del Partido Demócrata, claro. Pero cuando el demócrata Lyndon B. Johnson, para corresponder con el liderazgo de Martin Luther King Jr., impulsó la aprobación en el Congreso de las leyes civiles, dando derechos a los negros, gran mayoría de sureños se volvieron republicanos.

Los prejuicios no son solo raciales, los hay religiosos. Mi familia adoptiva al casarme, los Connor, descendían de los primeros fundadores de Camden, Nueva Jersey, irlandeses protestantes. También tuvieron militares en la Guerra Revolucionaria Americana. Ellos son WASP (White, Anglo Saxon, Protestant), que no tienen nada que ver con la inmigración de los pobres irlandeses católicos, que sufrieron la gran hambruna de la patata en el siglo XIX. Es que son muchos aspectos étnicos los que dividen a la gente.

El caso del prejuicio actual es que ya no hay personas de origen mexicano solamente en Texas, Arizona y California, están en todo el país, Illinois, las Carolinas, etc. Y al prejuicio de la raza y la religión, se añade el del lenguaje hispano. Después de que en California se aprovecharon de la mano barata de los mexicanos inmigrantes, ahora no los quieren más. Aunque esta región y gran parte del suroeste era indohispana originalmente, que fueron ocupados y sojuzgados durante la guerra con México de 1846 al 1848, por el presidente James K. Polk. (Vease LatinoAmericans, de PBS dirigido por Adriana Bosch.)

Entre los símbolos del “trumpismo” se encuentra el famoso muro, que nos aislará del sur, como trataron los chinos con su gran muralla contra Mongolia. Pero no son sentimientos nuevos. La cinta Giant, de 1956, con Elizabeth Taylor, Rock Hudson y James Dean, señaló los prejuicios en Texas, no solo raciales, sino tradicionales, el de los antiguos ganaderos contra los nuevos petroleros, y los de los blancos contra los mexicanos.

Le auguro por un rato muchos triunfos al “trumpismo”, porque su líder ha tocado una tecla que conozco muy bien, la del prejuicio norteamericano contra inmigrantes del sur de Europa, asiáticos, africanos, católicos, judíos y de habla hispana. Ojalá que pronto despierte América a esta realidad.

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