Olga Connor

‘Heatscape’ y el simbolismo del mándala en el Miami City Ballet

Este fin de semana, con el programa III, vuelve ‘Heatscape’ al Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center, un ballet que requiere la colaboración de todos los bailarines del MCB, hecho con la música de Bohuslav Martinů.
Este fin de semana, con el programa III, vuelve ‘Heatscape’ al Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center, un ballet que requiere la colaboración de todos los bailarines del MCB, hecho con la música de Bohuslav Martinů. Miami City Ballet

Hace cuatro años un joven coreógrafo que entonces tenía 27 años, Justin Peck, creó con los bailarines de Miami City Ballet la pieza Heatscape. Ya antes había producido varias piezas para el New York City Ballet, donde es coreógrafo residente desde entonces, además de ser bailarín.

En Miami se creció con esta pieza que tuvo como inspiración el título de Summerspace, de Merce Cuningham, aunque en el verano de Miami hay mucho más calor, comentó el coreógrafo, lo que provocó la transformación del título.

En Summerspace el extraordinario Cuningham colaboró con el pintor Robert Rauschenberg. Aquí Peck se unió a Shepard Fairey, por sus pinturas en las ya famosas paredes del barrio Wynwood de Miami.

Fairey, que reside en Los Ángeles, es uno de los más famosos artistas de las calles en el mundo. “Pero Shepard hizo un escenario diferente y más versátil que él de las paredes de Wynwood para esta pieza. Da un efecto tridimensional”, advirtió Peck en aquel momento.

Este fin de semana, con el programa III, vuelve Heatscape al Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center, un ballet que requiere la colaboración de todos los bailarines del MCB, hecho con la música de Bohuslav Martinů.

¿Habrá cambios en Heatscape después de todos estos años? Para informarnos hablamos con Jeanette Delgado, que fue con su hermana Patricia Delgado a Dresden, Alemania, en mayo, y trabajaron allí por cinco semanas para montar Heatscape en la compañía Semper Opera Ballet. Allí observó cambios y puede que aquí los haya también. “Fueron cambios de inspiración, algunas cosas nuevas, en los pasos”, dice Jeanette. “Dresden es una ciudad pequeña como Miami Beach. Ellos entendieron muy bien el ballet. Y nosotros lo disfrutamos muchísimo”.

“Yo llevo una libreta y hago mis anotaciones, porque trabajar con un coreógrafo en vivo hace que el rol de uno sea muy personal”, comenta la bailarina. “Y él puede cambiar cosas en el pas de deux, por ejemplo”.

La influencia de Fairey tiene que ver con la pintura del mándala, una estructura que se puede hacer con arenas de colores o cualquier otra cosa flexible que se pueda desarmar, y que proviene originalmente de las regiones del Tibet y la India. En este caso él plasmó la figura en el telón de fondo y es como un sol rojo que despide energía e impacta a todos. Fairey definió el mándala como una estructura que hay que construir de dentro hacia fuera. Y en realidad lo que importa es el proceso, no el producto, aunque al final es una bella figura.

En ese sentido, se pueden comprender los pasos y la organización del ballet. Ya que al comenzar los bailarines en una larga hilera están mirando al mándala de espaldas al público, como si estuvieran adorando al sol. Y de pronto se lanzan de frente al público. Así es como surge el bailarín principal que denota un estallido de vigor y energía. Es como un bólido, y todo el ballet muestra esa pasión, en los pas de deux y en los solos, aunque el segundo acto es más sombrío.

“Pero toda la danza se vuelca de dentro hacia afuera”, destacó Peck cuando lo creó en 2015, “como un proceso que no termina, que no se puede volver a empezar”.

Ese arte plástico del mándala se escenifica de modo viviente entre los bailarines del cuerpo de ballet en el tercer movimiento, explica Jeanette. “Y los bailarines fluyen hacia fuera desde el centro, formando un círculo interior y hacia fuera de nuevo, de modo increíble en diferentes figuras del fascinante mándala. Y desaparece, no dura siempre. Se borra, significa como todas las representaciones en vivo, porque nunca se tiene la misma función, ese es nuestro trabajo”. Es una metáfora de las artes escénicas indudablemente, que tienen un principio, un clímax y un final como el mándala, pero con ciertos límites.

Ya que esta figura tradicional del Oriente tiene una significación simbólica, filosófica, geográfica y hasta política. Representa el universo, pero también las regiones y sus bordes, sus fronteras. “Sin embargo, no creo que hay aquí política”, opina la bailarina, “tenemos una gran camaradería entre nosotros, pero es cierto que hay como un cierre alrededor del mándala, porque una bailarina que se le acerca no lo puede penetrar, se retira hacia atrás por la energía del mándala que es tan fuerte, aunque siente que puede conectarse, no está obligada a hacerlo. Es un ballet sin historia, sin temas, pero uno los puede crear, eso es lo grande del arte”.

El ballet contemporáneo tiene que ver con los pasos y no con el tema, del mismo modo que el arte abstracto tiene que ver con los colores y la geometría y no con la figura. Pero en esta obra hay un arte que apela a un simbolismo geográfico y temporal y eso es lo que parece pretender el coreógrafo, crear una ilusión de espacio formal del universo, y también de sus límites tal como lo expresa el mándala.

Veremos además, manteniendo la fidelidad al maestro tutelar del MCB, dos obras de George Balanchine. The Four Temperaments, con la música de Paul Hindemith, sobre un tema que representa la idea medieval y renacentista de los cuatro humores, es decir los tipos de la personalidad: melancólico, sanguíneo, flemático y colérico; y Duo Concertant, una coreografía novísima para una música novísima, la de Igor Stravinsky.

olconnor@bellsouth.net

Miami City Ballet, Heatscape, viernes 22 y sábado 23, a las 8 p.m., y domingo 24 a las 2 p.m., en el Ziff Ballet and Opera House del Adrienne Arsht Center, 1300 Biscayne Boulevard, Miami, FL 33132. Entradas desde $25 a $175. Llamar a 305-929-7010 o ver en la red miamicityballet.org

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