Olga Connor

¿Hasta cuándo se permitirá la impunidad de los pederastas?

Fotograma cedido por el Instituto Sundance del documental “Leaving Neverland”, estrenado en enero en el Festival de Sundance y recientemente emitido en televisión por HBO, en el que aparece Michael Jackson con uno de los niños de los que presuntamente abusó sexualmente.
Fotograma cedido por el Instituto Sundance del documental “Leaving Neverland”, estrenado en enero en el Festival de Sundance y recientemente emitido en televisión por HBO, en el que aparece Michael Jackson con uno de los niños de los que presuntamente abusó sexualmente. EFE

En estas últimas semanas se ha estado ventilando uno de los temas más aciagos de nuestra sociedad, la impunidad de los que abusan sexualmente de los niños, una práctica que prevalece sin castigos ejemplares, a pesar de la prohibición religiosa, moral y legal en el mundo judeocristiano.

Han salido a la luz las desgracias de esta inclinación por parte de adultos que se aprovechan sexualmente de menores, ya sean varones o niñas, sin que estos tengan el modo de expresar sus angustias, por el miedo a ser castigados o la vergüenza ante lo que les ha ocurrido. Solo cuando son ya mayores pueden recordar y protestar de los horrores de su niñez.

Cuando se trata de gente que es admirada mundialmente es más difícil denunciar el hecho, como el ídolo de la música Michael Jackson, o los héroes de una escuela: los sacerdotes. En el primer caso noticioso se trata de un documental de HBO, Leaving Neverland, en el que Wade Robson y James Safechuck confiesan que fueron abusados sexualmente cuando eran niños por Michael Jackson. Aunque cuando los entrevistaron durante ese periodo de su niñez lo negaron. La razón, dijeron ahora, es que no querían traicionar a su héroe. Al documental le siguió en un formato de talk show la entrevista a los protagonistas y al director, Dan Reed, por Oprah Winfred, titulado: After Neverland.

El otro escandaloso caso fue la reunión en el Vaticano de los prelados de la Iglesia Católica Romana ante el Papa Francisco, para discutir y tratar de resolver la crisis mundial de las acusaciones de pederastia contra sacerdotes.

Del documental y de la entrevista de Oprah Winfred sacamos varias conclusiones. Los padres no quieren creer que una persona muy admirada de modo universal sea capaz de abusar de los niños, aunque las señales nos hagan sospechar lo contrario.

Eso fue lo que le sucedió a Oprah en la entrevista que le hizo al propio Michael en el año 1993. Pero ahora sí cree en las denuncias actuales de Robson y Safechuck. Ningún niño cuando es aún niño, quiere denunciar a su ídolo. Además, este les ha avisado que la verdad los puede llevar a los dos a la cárcel, porque el mundo no entiende lo que sucede entre ellos. Antes lo ha ido seduciendo, conquistando con juguetes y regalos y con promesas de amor y cuidado eternos.

Esta forma de amar no es comprendida por el menor, y no es agresiva, como lo que explicaron Robson y Safechuck. Ambos idolatraban a Jackson, lo imitaban sobre el escenario, querían estar en el mundo del show business. Sus madres también querían que sus hijos estuvieran en ese mundo, y aunque tenían sus prejuicios al dejar dormir a los varones con el artista, este las convenció de que era como un sleep over, ese tipo de reunión que tienen los niños americanos, un pijama party. Mientras, ellas también recibían honores y regalos.

La Iglesia Católica viene por otra vía: la religión, la confianza en los mentores, a quienes las madres colocan a cargo de la educación de sus hijos e hijas. Porque también hay niñas abusadas. Primero: sucede la confianza, la entrega del niño por los padres al acosador. Segundo: hay el encantamiento o seducción de parte de ese supuesto mentor que se dirige hacia la familia y hacia el menor. Tercero: aparece la amenaza al niño, cuando ya se ha consumado el hecho, de que una delación los llevará a presidio.

¿Cómo se ha conducido la Iglesia Católica Romana en sus reuniones del 21 al 24 de febrero en el Vaticano? “Antes de la reunión, en una decisión que muchos destacaron como significativa, el Vaticano expulsó del clero a Theodore McCarrick, ex cardenal y arzobispo de Washington. Es la primera vez que un cardenal es expulsado del sacerdocio por abuso sexual”, se reportó el 21 de febrero, en The New York Times. Pero la reacción posterior no ha sido positiva a pesar de las promesas verbales del Papa Francisco.

“No ha hablado de entregar los documentos a magistratura y de no destruirlos, cómo desveló uno de los obispos; no ha dicho que los responsables de los abusos van a perder su puesto de trabajo, ni de indemnizar económicamente a las víctimas... No pone ninguna medida en la mesa”, ha dicho a RTV.es, el 24 de febrero, el siquiatra Miguel Hurtado, uno de los portavoces de la Organización Global de Víctimas, ECA.

Es hora de reconocer que son nuestros hijos y nietos, hermanos y sobrinos, los que sufren por la apatía total ante uno de los peores crímenes. Cuidémoslos con gran esmero. Y exijamos que se castiguen los culpables. Este mal no tiene otra cura. Es una adicción perpetua del agresor.

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