Olga Connor

El peor enemigo de la mujer

La representante estatal Dotie Joseph (centro) presentó un proyecto para lograr la aprobación del Equal Rights Amendment (ERA, Enmienda por los Derechos Igualitarios), que busca la paridad salarial entre hombres y mujeres.
La representante estatal Dotie Joseph (centro) presentó un proyecto para lograr la aprobación del Equal Rights Amendment (ERA, Enmienda por los Derechos Igualitarios), que busca la paridad salarial entre hombres y mujeres. Cortesía

¿Quién ha sido el peor enemigo de la mujer en la causa feminista? Otra mujer. Algunas mujeres creen que las feministas les van a quitar sus derechos como género privilegiado. Pensaron eso en el pasado y aún lo siguen pensando nuevas antifeministas.

¿Por qué? Porque han sido acondicionadas a su estatus. Cuando yo tenía 15 años en la secundaria, en La Habana, admiraba a Eleanor Roosevelt. También leía el libro de quien veía como una heroína del pueblo, Evita Perón. Qué equivocada estaba cuando aspiraba a ser primera dama, creyendo en todas esas causas nobles que ellas personificaban. ¿Por qué no se me ocurría pensar que podría ser Presidenta?

Los argentinos sí han elegido a presidentas, y también los chilenos y los brasileños. Han sido primeras ministras Margaret Thatcher y Theresa May, en Inglaterra, y Angela Merkel, en Alemania, desde 2005 hasta hoy. Pero en la Cuba de los 50 no parecía posible. Y después de Fidel Castro mucho menos. Ni siquiera él tenía primera dama.

Una primera dama aparentemente apoya la carrera de su marido. Ese es su único logro público. El familiar privado y social, es tener hijos, crear una nueva familia, como cualquier mujer tradicional. Pero, ¿qué le sucede a esa mujer tradicional si no se casa, si no tiene hijos? En la Edad Media la metían a monja. Y es que las mujeres nos hemos acostumbrado a todo: las monjas, a servir a los sacerdotes, y ya están protestando; algunas musulmanas a llevar burkas, hasta en aeropuertos internacionales; la mayoría de las norteamericanas a aceptar salarios equivalentes al 70 por ciento de los hombres.

Eso fue lo que pronunció una de las pequeñas actrices el martes en el musical en el Adrienne Arsht Center, School of Rock, cuando estaban cantando Stick It to the Man. El profesor le explicó que “man” incluía “women”, que eran iguales. Y la niña le rectificó, lo que causó risas en el público. Nos reímos colectivamente de que la chica tenía razón, y lo aceptamos. Es aceptable. No nos enfurecemos colectivamente de que nuestro trabajo sea mucho menos remunerado. Como si valiera menos. Pero tenemos miedo, queremos conservar lo poco que tenemos. Estamos adoctrinadas.

En el artículo “La desigualdad salarial en la Florida no se detiene. ¿Quiénes son los más afectados?” (2 de abril, 2019), la periodista Sarah Moreno de el Nuevo Herald/Miami Herald explica cuáles serían los gastos que podrían afrontar las mujeres de Estados Unidos si sus salarios fueran iguales a los de los hombres: “Cinco meses más de alquiler, nueve pagos extras de cuidado infantil y casi cuatro mensualidades del seguro médico”.

¿Cómo les cae eso? Hay muchas madres que tienen que solventar ellas solas todas esas cargas, porque los salarios de los maridos aunque sean más altos que los de ella, no alcanzan para resolver todos los problemas económicos. Además, hay muchas madres solteras, o divorciadas, que no tienen los ingresos apropiados.

En el estado de la Florida “una latina solo recibe 60 centavos de dólar en comparación con el salario de un hombre blanco no hispano, una diferencia anual de $20,380”, escribe Moreno en el mismo reportaje.

La mujer que se opone a la causa feminista no se da cuenta de que este proyecto surgió de la injusticia de una sociedad que desconfía de la mujer en la fuerza profesional y laboral. Sin embargo le confía a sus hijos. Y depende de ella para mantener al país funcionando, especialmente con maestras, enfermeras y secretarias, trabajos tradicionales de las mujeres.

Phyllis Schlafly inició el movimiento STOP ERA para proteger los privilegios que supuestamente tenían las mujeres, precisamente cuando ya la Enmienda de Derechos Iguales o ERA había sido aprobada en el Congreso y el Senado, firmada por el presidente Richard Nixon, y ratificada por 35 estados. Pero luego cinco estados la rescindieron, debido quizás a su influencia. Schlafly era esposa, ama de casa, abogada, periodista, activista política y conferenciante. ¿Querría ser ella la única mujer en destacarse?

Como Schlafly era del ala más conservadora del Partido Republicano, los demócratas tuvieron que asumir la bandera del feminismo que originalmente era bipartidista.

El apoyo a la Enmienda en el Estado de la Florida es bipartidista también, sin embargo, “con el ERA y cualquier legislación que entre en el proceso legislativo, se necesita la bendición del liderazgo republicano en cada Cámara, más la aprobación del Gobernador”, declara Dotie Joseph, representante estatal demócrata por North Miami (Distrito 108), que presentó el proyecto HCR 209 para ratificar ERA.

“Creo que estoy progresando con algunos de ellos, pero —como sucede a menudo— cuando se percibe el proyecto como partidista, puede que haya que esperar a varias sesiones legislativas para ponerlo en la Agenda”.

Mi consejo: escriban al nuevo gobernador Ron DeSantis para que apoye ERA. “Say Yes to Equal Pay”:

https://www.flgov.com/contact-gov-desantis/email-the-governor/

Correo: olconnor@bellsouth.net.

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