Olga Connor

¿Para qué sirve el embargo cubano?

La ministra de Turismo de España, María Reyes Maroto (2-d), recorre junto al embajador de España en Cuba, Juan Fernandez Trigo (der.), varios hoteles de empresas españolas, el miércoles 8 de mayo en Varadero, Cuba.
La ministra de Turismo de España, María Reyes Maroto (2-d), recorre junto al embajador de España en Cuba, Juan Fernandez Trigo (der.), varios hoteles de empresas españolas, el miércoles 8 de mayo en Varadero, Cuba. EFE

En todas las discusiones que ha habido sobre el tema del embargo a Cuba yo me he puesto siempre del lado de los que lo han criticado. La razón fundamental es que no ha habido en realidad un cierre total de posibilidades económicas a un gobierno que nunca quiso depender de Estados Unidos en primer lugar.

Fidel Castro siempre quiso imitar y relacionarse con un sistema totalitario, como era el de la Unión Soviética, para copiarlo en la isla. Cuando este cayó lo sustituyó con otros proveedores, al intercambiar espionaje, métodos represivos y esclavos profesionales por los recursos económicos de Venezuela. El petróleo principalmente.

Ahora, se recrudecerá el embargo con la aplicación del Título III, de la Ley Helms-Burton, que permite demandar al gobierno cubano y a empresas que usen las propiedades nacionalizadas sin remunerar a sus verdaderos dueños. Serán reclamaciones de dinero a compañías extranjeras y en algunos casos al propio Estado cubano, que nunca pagará, como bien ha dicho Benjamín F. DeYurre en su columna del 7 de mayo en el Nuevo Herald, titulada “¿Han sido efectivas las sanciones de EEUU a Cuba y Venezuela?”.

Ese Título III de la Ley sería la única parte del embargo que en realidad tendría significado económico en un sentido internacional, porque muchas de las inversiones españolas y de otros países en la isla no hubieran comenzado. Y solo si se les hubiera prohibido desde siempre a esos inversionistas hacer negocios con Estados Unidos, por estar traficando con el enemigo. Pero todos los presidentes desde Clinton que la firmó no la han hecho cumplir, mayormente porque afectaría los negocios de esta nación con otros países.

Por esa misma razón, ¿para qué ha servido el embargo hasta ahora? Para darle una excusa al gobierno castrista de todos los males que aquejan al pueblo, sobre todo, después del cese de la Unión Soviética como soporte económico de la isla. Aunque en Cuba se puede acceder a todos los bienes comestibles y médicos que puedan pagarle a los negociantes norteamericanos en cash.

¿Y nunca se ha considerado que al enviarle dinero a Cuba los cubanos exiliados hemos estado rompiendo también con el embargo? Porque aunque Cuba perdió acceso al crédito de bancos internacionales, las remesas de los emigrantes han suplido esa falta, y son préstamos que no hay que devolver. Se calcula que enviamos en efectivo y mercancías, unos $57,269 millones en los últimos 11 años, con un promedio de $5,200 millones anuales, desde Estados Unidos, donde reside casi un 90 por ciento de los inmigrantes cubanos. El 17 de abril de este año se anunció que las remesas a Cuba se limitarán a “mil dólares por persona por trimestre”. Pero eso es aún muchísimo dinero en Cuba.

El vocablo embargo significa una retención de bienes por mandato de la ley, porque hay una deuda impagada. Ya que la propiedad es uno de los derechos humanos básicos e inalienables, hay una gran deuda económica del gobierno de Cuba con los propietarios de antes de 1959 a quienes les expropiaron sus bienes.

Precisamente, la mayoría de la migración cubana se produce por esas razones económicas. Se les quitó el medio de sustento a todos, tanto a los bodegueros como a los terratenientes azucareros. Aunque muchos nos exiliamos por peligro de cárcel o violencia, o limitaciones en los estudios o en la religión, al no aceptar el credo comunista.

¿Cuál sería el verdadero embargo? Cerrar por completo todas las puertas. Si no es así, ¿qué daño económico le puede hacer nadie al gobierno de Cuba en realidad? La hipocresía del embargo para satisfacer a los cubanos de afuera ha sido la ganancia publicitaria para el gobierno cubano de adentro. El régimen castrista ha proclamado siempre que es víctima del supuesto embargo norteamericano, para justificar la carestía, en vez de aceptar que el comunismo causa la miseria del pueblo.

Es nuestra lealtad y amor a la familia la que nos impulsa a ir a visitarlos y a enviarles nuestra ayuda. Por eso, no es con lo económico que se puede tumbar un sistema totalitario como el de Cuba o el de Venezuela. A los gobiernos totalitarios no les importa la salud ni el bienestar de los pueblos, sino el poder.

Por desgracia, después de la crisis de los misiles en octubre del 62, el gobierno de Kennedy les cerró las puertas de salida y las armas a los grupos cubanos que conspiraban. Que aprendan de la historia cubana los venezolanos, ya que es muy difícil que nadie corra a liberarlos desde aquí antes de las elecciones de 2020, y después quizás tampoco.

Hay muchos intereses de por medio. Ese cierre fue producto del pacto Kennedy-Kruschev. ¿Qué pacto habrá ahora entre Trump y Putin? ¿Y qué papel podría jugar China en toda esta tormenta en el Caribe?

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